Los intentos de tropas
norteamericanas e iraquíes por neutralizar la resistencia son hoy cada
vez menos eficientes, si se tiene en cuenta que sólo en nueve días de
febrero perdieron un helicóptero y 33 militares.
La cifra de soldados y oficiales caídos en tan breve tiempo supera
en 19 a los de igual período de enero, cuando resultaron abatidos 84
efectivos de ese país y tres británicos.
El actual ritmo de muertos -casi cuatro por jornada- puede
compararse con cualquiera de las etapas precedentes en que más
uniformados cayeron, lo cual denota la agudización del conflicto y la
consolidación de los rebeldes, a cuatro años de iniciada la guerra.
Los últimos tres soldados estadounidenses murieron este jueves tras
enfrentamientos con la resistencia en la convulsa provincia de Al
Anbar, donde el miércoles fue informado el deceso de otros cuatro
miembros de la Infantería de Marina.
Un escueto parte del mando central de ocupación no precisa el lugar
donde se produjeron los combates y sólo revela que perecieron a
consecuencia de las heridas sufridas cuando realizaban una operación
militar.
Por otro lado, hombres armados y con uniformes del ejército iraquí
asesinaron a 11 de las 13 personas que secuestraron en la madrugada de
este viernes en la aldea de Al Imam, 75 kilómetros al sur de esta
capital.
El capitán de la policía Muthanna Hassan señaló que los
secuestradores penetraron a la fuerza en viviendas y obligaron a sus
residentes a salir, para horas después darles muertes. Dos de los
plagiados fueron liberados sin que se conozcan las razones.
Un comunicado castrense indicó que en la zona de Arab Yabur, sur,
ocho supuestos rebeldes perdieron la vida cuando la casa en que se
defendían de un ataque armado fue bombardeada por la aviación
norteamericana.
Momentos antes, según la nota, estos hombres arremetieron con armas
pesadas contra soldados estadounidenses que realizaban una operación.
En el pueblo de Rafiat, provincia de Salahedín, norte, la policía
encontró 14 cadáveres ametrallados pertenecientes a una misma familia.