El reinicio de las aspersiones
aéreas colombianas con glifosato en las cercanías de la frontera con
Ecuador denota hoy un nuevo agravamiento de los vínculos bilaterales.
El gobierno ecuatoriano presentó una enérgica nota de protesta por
esta actitud de Bogotá, que incumplió ahora con la promesa de avisar a
Quito antes de reanudar el riego aéreo con ese herbicida.
La canciller Maria Fernanda Espinosa reiteró la víspera la
necesidad de alcanzar "un acuerdo mínimo" de respeto de los
compromisos con la vecina nación, para mantener una platica seria y
fluida.
A pesar de respaldar el diálogo con las autoridades de Colombia,
Espinosa reiteró que presentará demandas internacionales contra Bogotá
por los daños causados por el glifosato en la población fronteriza
nacional.
Amparado en estudios científicos nacionales y extranjeros, Ecuador
sostiene que ese herbicida, de fabricación estadounidense y utilizado
para acabar con cultivos de hoja de coda, afecta además la salud de
personas, animales y destruye las plantaciones lícitas.
La ministra descartó asimismo un retorno del embajador de este país
en ese territorio, Alejandro Suárez, hasta no tener una aclaración de
parte de Colombia sobre este tema pendiente.
Suárez fue llamado a consulta en diciembre pasado tras la
reanudación de las fumigaciones en una franja de 10 kilómetros
limítrofe con este país.
Ese riego cesó en enero pasado, pero desde el lunes último aviones
de Colombia comenzaron a fumigar nuevamente con glifosato en una zona
próxima la frontera ecuatoriana, lo cual generó otra vez alarma y
malestar en Quito.
El ministerio ecuatoriano de relaciones exteriores demandó en tal
sentido la suspensión inmediata de la aspersión con ese químico y
calificó de poco amigable ese gesto del vecino.
La canciller admitió que las sistemáticas fumigaciones con este
herbicida no contribuyen al clima de armonía que debe prevalecer en
las relaciones entre los dos países.
El glifosato, una vez esparcido por los aviones en las cercanías de
la frontera con Ecuador, ingresa a territorio nacional arrastrado por
el viento y daña la salud de los pobladores, así como devasta los
cultivos lícitos.
Quito reclama la necesidad de que se instale la comisión tripartita
para supervisar las aspersiones, tal como se comprometieron ambos
gobiernos a integrar junto a un organismo internacional.
En este contexto, movimientos sociales opuestos a las fumigaciones
protestaron ayer ante la embajada de Colombia en esta capital y
decidieron de manera simbólica nombrar las calles aledañas a esa sede
Plan Colombia y glifosato.
De esta manera la ciudadanía manifestó su rechazó a la unilateral
decisión de reanudar el riego con ese herbicida, cuyo uso ha sido
prohibido en naciones europeas y hasta asiáticas debido a su negativo
impacto en el entorno y en las personas.