Estuvo
José María Aznar, ex presidente del gobierno español, de gira por
Estados Unidos, y en su periplo disertó sobre la situación
internacional, como parte de una serie de conferencias organizadas por
la Universidad de Judaísmo.
Como ya es usual, defendió a su mentor George Bush. Al parecer está
entre los pocos que dan un espaldarazo a la errada política del
mandatario estadounidense en medio del aluvión de críticas que caen
sobre su gestión. Pero no es de extrañar. Durante su gobierno, Aznar
fue como un perro faldero para la Casa Blanca y nada mejor que
recordar los viejos tiempos.
Así lo hizo constar —¡y de qué manera!— en una entrevista que dio
al canal Univisión 34. El ex de la Moncloa dijo que "la lucha contra
el fundamentalismo es larga y difícil", lo cual refuerza el precepto
bushiano de "guerra infinita contra el terror".
Más adelante apuntó que "Estados Unidos no se debería retirar
precipitadamente" de Iraq, o sea, proclama ir contra lo que la mayoría
del pueblo estadounidense y la comunidad mundial desean y reclaman.
Para el español la tarea de Bush, de la que él también participó,
ha sido impecable, pues "se ha acabado con un tirano y el mundo es hoy
más libre sin Saddam", apuntó sin sonrojo, aunque sin preguntarse qué
dirán los iraquíes de sus conclusiones.
Y por si fuera poco, aunque reconoció el alto número de víctimas
que ha cobrado esta guerra inútil, Aznar colocó por encima de los
miles de muertos por la agresión y ocupación, la imposibilidad de que
la guerra termine ya, pues para él lo "más doloroso" sería ver a EE.UU.
como una potencia derrotada.