La afirmación, creíble o no, no debe tranquilizar a la opinión
pública norteamericana ni a la del resto del planeta, por cuanto el
propio Gates, al ampliar su mensaje, dijo que "no se excluye el uso de
la fuerza como último recurso".
En este caso, cabe preguntarse cuál es la medida que tiene la
administración de Bush en cuanto a eso de "último recurso".
Y vale la advertencia: el gobierno de Washington está realizando
una feroz campaña antiraní, con apoyo mediático extraordinario, a la
vez que busca en la arena internacional el consenso necesario, usando
como pretexto visible el desarrollo nuclear de Teherán.
Pero hay otros elementos de juicio que hacen pensar en la
preparación de ataques "quirúrgicos" a las instalaciones de las
plantas que el país persa desarrolla para la producción de energía
nuclear con fines pacíficos.
Estados Unidos, además, es apoyado y hasta presionado, tanto por el
lobby judío, con enorme poder económico e influencia en las más altas
esferas del gobierno, como por Israel, punta de lanza imperial en esa
zona.
La tecnología militar israelí, incluyendo unas 200 cabezas
nucleares, suministradas por las administraciones estadounidenses,
garantizan una capacidad militar que sirve de plataforma, tanto para
ataques a vecinos —léase Irán, Siria o el propio Iraq—, como para
salvaguardar los intereses de Washington, es decir, el petróleo de esa
rica zona, donde existe el 30% de toda la reserva del hidrocarburo del
planeta.
Hace una semana se ordenó a las fuerzas estadounidenses acantonadas
en Iraq a capturar o matar a cuanto supuesto agente iraní exista en
aquella nación ocupada por casi 200 000 soldados foráneos.
De producirse un bombardeo contra instalaciones iraníes, en una
zona tan explosiva como esa, podría llegarse a la internacionalización
del conflicto, con impredecibles consecuencias en la región y el
mundo.
Esto lo corrobora una información difundida por el diario británico
The Sunday Times, en la que ex oficiales del Pentágono advierten de
las secuelas desastrosas de una agresión a Irán, y sus implicaciones,
incluso para la llamada coalición que ocupa el vecino Iraq.
Israel, involucrado directamente en los planes de Bush, sería reo
de su propia política guerrerista que lo convertiría en posible blanco
de acciones externas.
Tales perspectivas llevarían a una crisis en los suministros de
petróleo, teniendo en cuenta que Irán es el cuarto productor mundial
del crudo, y que por el cercano Estrecho de Ormuz pasa el 40% de los
embarques de petróleo de todo el mundo.