Tengo
11 años y soy hijo único. Soy estudiante en la Escuela Primaria Mansur,
de Bagdad. Últimamente me he sentido muy solo en mi clase. Esta semana
fui el único estudiante ya que mis compañeros, por diferentes razones,
no vinieron a la escuela.
Desde el mes de septiembre pasado, tres de mis compañeros han sido
secuestrados y otros dos asesinados. Uno murió junto a su familia en
su casa y el otro fue víctima de la explosión de una bomba hace un
mes.
Los demás han huido junto a sus familias hacia Jordania y Siria o
sus familias les han prohibido venir a la escuela por miedo a que algo
pueda sucederles.
Vivo muy cerca de la escuela. Puedo caminar y llegar en dos
minutos. Mi madre me lleva y me recoge todos los días. Ella reza todo
el camino hacia la escuela y me dice que no tenga miedo. Me dice que
al menos estoy estudiando y que un día voy a ser un hombre importante
y dejaré a Iraq para siempre.
Todos los días le pasa algo a algún niño de mi escuela y al día
siguiente todas las aulas se quedan vacías y permanecen así por lo
menos una semana. Las familias y los profesores tienen miedo y
desesperación.
Recuerdo que un día, cuando me marchaba de la escuela, cuatro
hombres salieron de un automóvil y secuestraron a Jadija, una de mis
amigas. Tenía solo 10 años. Lloré durante varios días, aterrorizado
por la idea de que la pudieran asesinar. Sus padres vendieron la casa
y el automóvil para poder pagar el rescate y después la liberaron,
pero ella estaba tan débil que tuvo que estar hospitalizada durante
dos semanas.
Ahora ella y su familia se encuentran en Jordania. La extraño, pero
sé que eso es lo mejor para ellos.
La única cosa que me da miedo es que si me secuestran sé que me
asesinarán. Mi familia no tiene el dinero para pagar un rescate.
Nosotros no tenemos una casa, un automóvil o alguna cosa que podamos
vender. Así que por lo tanto seré otra víctima del terror en el que
vivimos, pero tengo fe en que Dios me protegerá.
Muchos de nuestros profesores han dejado la escuela. He oído que
algunos han viajado al extranjero y otros han dejado de trabajar por
razones de seguridad, aconsejados por sus familiares. Los extraño a
todos. Echo de menos los días en que solíamos correr por la escuela y
regresar a casa por nuestra cuenta, sin preocuparnos por la violencia.
Esta semana le pedí a mi madre quedarme en casa también ya que era
el único niño en la clase, pero ella insistió en que fuera a la
escuela. Estoy asustado pero debo obedecer a mi madre.
Éramos 21 estudiantes y hoy soy el único en el aula.
Cuando alguien me pregunta si tengo esperanza de que las cosas se
arreglen y volvamos a vivir seguros les respondo que no, ya que la
violencia se incrementa cada día y continúo perdiendo amigos.
Ya no puedo estudiar más. No me concentro y los profesores ya no
nos enseñan como antes. Lo que he estudiado estos días son materias
que estudié hace dos años. No estoy seguro de que si sigo estudiando
de esta manera pueda convertirme en el hombre importante que mi madre
cree que seré.
(Tomado de Rebelión)