La multiplicación del sistema editorial de uno a otro confín del
archipiélago permite que la extensión geográfica de nuestra república
de las letras tenga el tamaño de la nación.
"Fidel sueña realidades", dijo un decimista del central holguinero
Urbano Noris que nunca pensó que su primera colección de versos
ocupara un lugar en el estante de las ediciones de su provincia en la
Fortaleza de La Cabaña ni que en uno de los parques de la capital de
ese territorio tuviera la oportunidad de firmar ejemplares a lectores
agradecidos.
A fines de 1999, durante una reunión de directores municipales de
Cultura efectuada en Expocuba, el Comandante en Jefe sembró la idea de
potenciar un sistema territorial que permitiera encauzar el talento
literario hasta ese momento limitado por la centralización capitalina
de las casas editoriales.
Más de seis años después la presencia de esos sellos provinciales
nuevamente será significativa en la trama de la Feria que comenzará en
Ciudad de La Habana el próximo jueves y culminará en Santiago de Cuba
el 11 de marzo.
"Aunque las estadísticas en el caso de la creación literaria no
digan la última palabra, el hecho de que más de 2 000 autores hayan
encontrado en ese sistema una vía de realización de sus obras
constituye un dato alentador", afirmó Fernando León Jacomino,
vicepresidente del Instituto Cubano del Libro, al comentar a este
redactor de Granma el impacto de las ediciones que se han
llevado a cabo mediante las máquinas Riso adquiridas por el Estado y
asignadas a las capitales provinciales y al municipio especial Isla de
la Juventud.
Acerca de la selección de los títulos a publicar, Jacomino precisó:
"La cantidad que cada editorial se propone en un ciclo anual no
responde a cifras directivas, cuotas centralizadas ni
condicionamientos que no sean la calidad de cada propuesta y su previa
concertación con el movimiento autoral del territorio, lo cual no
excluye, por supuesto, la búsqueda de nuevos autores
independientemente del lugar donde residan, motivación inicial y
principal del proyecto. Tampoco existen reglas que impidan la
reedición de un título de calidad y amplia demanda, ni normas que
establezcan un estricto tiraje".
"Nuestras mayores preocupaciones institucionales —subrayó— se
relacionan con la necesidad de asumir estas producciones desde la
perspectiva del arte del libro, con toda la belleza y funcionalidad
posibles, con la impostergable práctica de una distribución que haga
mucho más visible a escala nacional lo mejor de esas producciones, y
con la articulación entre calidades emergentes y una promoción seria y
responsable."
"Reveladores de una actividad literaria que se verifica tanto en
las ciudades como en los más recónditos parajes del territorio
nacional —remarcó Jacomino— estos libros se depositan en la Biblioteca
Nacional José Martí y en la Elvira Cape, de Santiago de Cuba, así como
en todas las bibliotecas provinciales. Además, cada editorial tiene el
mandato de engrosar con sus volúmenes los fondos de las bibliotecas
municipales de su provincia. Asimismo, al menos una librería de cada
capital provincial recibe y comercializa los libros y revistas
publicados en todo el país. Semejante esfuerzo de conservación y
distribución agradecería también vigilancia permanente, señalamientos
oportunos y discusiones provechosas."
Al margen de insatisfacciones, insuficiencias y obstáculos por
superar, el sistema de ediciones territoriales ha revolucionado el
panorama de las letras cubanas, visibles como nunca antes.