Ever Fonseca: laberinto natural

TONI PIÑERA

A primera vista, cuando uno mira la obra del artista, aparece el color atrapándonos en ese tejido de formas y colores. Más tarde, al penetrar dentro de las variadas germinaciones que pueblan sus cuadros, caminamos ya sobre tierra firme, por ese laberinto natural donde se revela el verdadero sentido del peculiar lenguaje, la esencia cubana y caribeña.

Ever Fonseca, junto a una de sus
novedosas esculturas de madera.

Ever Fonseca, a lo largo de los años, ha atrapado la personalidad de los seres que pueblan sus creaciones. Diríamos, es un "jigüe" pintor que, metamorfosea la vida, recuerda, vive y crea. Su obra es el itinerario del cubano, es una poética-diálogo entre hombre-vegetación.

Si quiere comprobar lo anterior, acérquese a la exposición Donde desemboca el río. (Homenaje a Manzanillo), abierta en la galería La Acacia (San José No. 114, entre Industria y Consulado, La Habana Vieja), en la cual el artista muestra un conjunto de pinturas y esculturas en madera policromada, que cuentan anécdotas, percepciones y mitos conocidos en su ámbito de paisajes rurales. Allí, el espectador podrá entrar en contacto con uno de los pintores más auténticos de Cuba, porque su manera de hacer no es comparable con la de ningún otro, además de reconocer en esa obra un lenguaje de signos muy propios.

Ever Fonseca nació en un "caguayo" verde que flota en el Caribe, y siempre vivirá en él, porque sobre su piel corretea desde que sus ojos se abrieron al mundo. Allí conoció al Don Jigüe, inseparable compañero de aventuras reales y pictóricas, y de su mano caminó por valles y montañas, bebió el agua de los ríos, tocó los colores del amanecer y las sombras de la noche. Todo ello salpicó su obra de una cubanía nata, de una sensibilidad especial que se acumula ahora en telas, cartulinas, maderas y barro. De ahí que sus trabajos lleven los colores del campo, del cielo. "Me gusta todo, uno no puede adelantarse a sí mismo. Mi obra está circunscrita en la Isla y es un trabajo vital donde el mar desempeña un papel fundamental aunque no esté presente en la obra", dijo el creador. En estas fábulas pictóricas aparecen animales muy diversos, una vegetación asombrosa, to-do un concierto de visiones-sonoridades de árboles, pájaros, pequeños reptiles¼ que siluetean en la distancia el sol o la luna, dependiendo de la hora que se fije en la superficie.

Desde el punto de vista técnico, hay un énfasis en el empleo de la línea como elemento constructivo para expresar ideas, pues no hay en ninguna de sus composiciones un elemento discordante que conspire contra la percepción de formas-mensajes, y todas las figuras están resueltas mediante líneas vitales. Pero algo importante al mirar su obra es que a pesar de que el tiempo pasa, el desarrollo no ha podido eliminar de él ese toque "silvestre" de su personalidad y de sus creaciones.

En los inicios, hacia los 60 y 70 se observan en sus trabajos líneas muy sensuales porque según refiere Ever "en aquel tiempo era la juventud, las novias, mi madre estaba viva y ese mundo de cosas se entremezclaba. Ahora hay una paz, una sedimentación, un reposo, factores que corresponden a la madurez biológica, la experiencia acumulada. Aunque en cuanto a la sensualidad, el amor, en esencia soy el mismo, sólo que me he transformado por fuera, por la piel. Y lo que caracteriza mi obra es el sentido orgánico de un desarrollo que va al ritmo de los años: el tiempo de las vivencias. Pero no puedo decir que las piezas de una década son mejores o peores, simplemente es un reflejo de mi trabajo, que siempre he realizado con el mismo amor, con la misma responsabilidad y eso es lo que me mantiene vivo".

 

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