Hoy, está al frente de los más de 13 000 jubilados de la provincia
de Ciego de Ávila, una de las de mejor trabajo en la atención a estos
hombres y mujeres que mucho aportaron —y aportan— en importantes
sectores de la vida económica y social del país.
Con la palabra en ristre, asevera tener bien presente el legado de
Lázaro, sobre todo aquella máxima que decía que el sindicato era de
todos los trabajadores; del blanco, el negro, el militante, el no
militante, el creyente. Eso sí, siempre sin faltarle a los principios
de la Revolución.
Y es que estos jóvenes con años acumulados mucho aportan al
desarrollo del país y a las obras de la Batalla de Ideas.
Es lo que se quiere, comenta Salas, que todos demos un poquito de
la sapiencia de cada quien para brindar la experiencia, y hasta ayudar
con nuestro esfuerzo, si lo requieren las circunstancias."
De ello da fe Juan Drago Peña, quien a los 70 años, lo mismo
trabaja con la pala o la carretilla. Siempre suele vérsele en alguna
obra importante.
Ya hemos colaborado en centros de la salud y otros educacionales,
más si sabemos que en la provincia escasea la fuerza de trabajo.
Todavía alguno de nosotros puede sacarle un susto a cualquiera. No lo
dude, dice mientras continúa pala en mano.
Bien lo sabe este reportero, quien en una jornada voluntaria
compartió, carretilla por el medio, con varios de los ¿retirados? del
sector de la construcción, y apenas tuvo tiempo para respirar.
Otra "jubilada", Nidia Velásquez, habla con vehemencia de lo bueno
de enseñar y aportar las experiencias a las nuevas generaciones, "más
en la educación", argumenta, mientras agarra la tiza y comienza a
escribir en la pizarra el tema de la clase que imparte a un grupo de
Adultos Mayores.
Si yo me encierro en la casa, me duele el pecho y me falta el aire.
Tengo que salir, respirar, sentirme útil.
Quizás, la mayor lección es la de Diego Olivert Figueredo, de 82
años, 38 de ellos como dirigente sindical de base.
Simplemente, Diego para los que lo conocen —que no son pocos— no se
aferra a la idea de permanecer en casa y, aunque jamás ha descansado,
desde hace un año labora de forma voluntaria en el sindicato
provincial del sector como asesor, en la atención a los órganos de
justicia laboral, reclamaciones de los trabajadores, y en la parte de
los centros protegidos.
Por cierto, en este último aspecto su quehacer es decisivo en la
declaración de los primeros 21 del ramo, labor que mejora
constantemente en el territorio.
"El trabajo es la fuente de la vida, de la creación. No mata a
nadie, más bien, da fuerzas. Te lo digo yo, que fui carpintero
encofrador, electricista, albañil, cabillero, entre otros oficios",
manifiesta Diego.
Y así piensan la mayoría de los jubilados interpelados por
Granma, aun cuando todavía en no todas las secciones sindicales se
les dé la misma atención a estos hombres y mujeres de edad acumulada.