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— Estados Unidos debe corregir sus planes bélicos sobre Iraq para
evitar una desastrosa multiplicación de la guerra que mataría miles de
civiles y dejaría millones de refugiados, advirtieron hoy analistas
políticos.
Según una recomendación emitida por el Instituto Brookings,
Washington debe modificar su propuesta de aumento de tropas en el país
árabe porque tal plan podría derivar en una catástrofe regional y una
extensión del conflicto hasta Irán.
La fundación de estudios estratégicos, con sede en esta capital,
aconsejó a la administración del presidente George W. Bush retractarse
de la proyectada escalada militar en la nación árabe ante la
perspectiva de empeorar la situación.
Existe una gran posibilidad de que el país oeste-asiático no sea
estabilizado con la llegada de los refuerzos, y en cambio la región se
encamine hacia un desastre peor que el desencadenado por la invasión
iniciada en 2003, indica el estudio.
El gobernante republicano ha reiterado que enviará un nuevo
contingente de 21 mil 500 soldados hacia Iraq, pese a las múltiples
críticas desde el Congreso y el descontento popular por la muerte de
tres mil 80 militares norteamericanos en el estado musulmán.
Las tropas estadounidenses, precisa el informe, deben retirarse de
todas las ciudades iraquíes cuanto antes, como único recurso racional
de acción y en un último esfuerzo para prevenir los efectos del caos
total por la guerra civil.
En opinión del Instituto Brookings, la agresión liderada por la
Casa Blanca contra Iraq está tomando dimensiones funestas como
anteriores contiendas en Líbano, la ex Yugoslavia, Congo o Afganistán.
Las condiciones para la violencia en Iraq alcanzaron los niveles
más altos durante el último medio año, indicó un estudio del Pentágono
divulgado recientemente por el diario The New York Times.
La valoración de la Secretaria de Defensa consignó que la situación
de seguridad en el país árabe se deterioró considerablemente a partir
del verano pasado, y la actividad hostil chiíta es la peor amenaza en
Bagdad.
El informe oficial cubre un período desde agosto hasta noviembre y
calculó un promedio de 960 ataques semanales contra las tropas
norteamericanas e iraquíes.
Según analistas del Pentágono, tal tendencia evidencia el nivel más
alto de beligerancia contra los efectivos estadounidenses desde que
Washington comenzó a emitir reportes castrenses trimestrales en 2005.