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— El escándalo CIA-gate ascendió hoy un escalón político en Estados
Unidos luego de trascender que un asistente de la Casa Blanca tenía
conocimiento sobre una espía encubierta norteamericana desde 2003.
Ari Fleischer, ex portavoz de la Oficina Oval, afirmó ante un gran
jurado que el principal inculpado en el caso, Lewis Libby, le habló en
julio de 2003 sobre una oficial de la Agencia Central de Inteligencia
(CIA), esposa de un embajador.
Se trata de una revelación importante para la fiscalía porque Libby
había asegurado que conoció acerca de la agente secreta solo mucho
tiempo después del mencionado por Fleischer, reseñaron medios
noticiosos.
Libby, ex secretario del vicepresidente Richard Cheney, está
acusado con varios cargos por obstrucción de la justicia, perjurio y
falsos testimonios, y podría recibir una sentencia de 30 años de
cárcel.
Bajo un trato de inmunidad judicial, Fleischer explicó que el
ayudante de Cheney discutió con él durante un almuerzo sobre el caso
del diplomático Joseph Wilson, marido de la agente CIA y vehemente
crítico del presidente George W. Bush.
La delación a la prensa del nombre de la espía Valerie Plame es
considerada por analistas como una represalia de la Casa Blanca contra
Wilson, quien asegura hubo conspiración fraudulenta de Bush para
justificar su ataque a Iraq.
Recién se conoció que incluso la secretaria de Estado, Condoleezza
Rice, podría unirse al vicepresidente Cheney como testigo potencial
del proceso por perjurio contra el ex asesor de la Casa Blanca.
Los nombres de Cheney, Rice, e incluso su predecesor Colin Powell,
aparecen en una larga lista de oficiales gubernamentales y periodistas
que pueden ser llamados a testimoniar en el caso estatal contra Libby,
reportó la cadena CNSNews.
Theodore Wells, uno de los abogados de Libby, recordó que las
implicaciones políticas son inevitables durante el procedimiento penal
porque hay sospechas sobre la existencia de un complot federal contra
el matrimonio Plame-Wilson.