Una
carga entusiasta nos dejó el último concierto de la Orquesta
Sinfónica Nacional, dedicado al natalicio de José Martí con mucho
talento joven, los premios del Concurso Nacional de Interpretación
de la UNEAC, como explicó el Maestro Guido López Gavilán antes de
asumir en la primera parte del programa la obra Cinéfilo,
episodio en La para una joven orquesta, de la también juvenil
Mónica O`Reilly, fresca y reveladora de una contemplación sin
madejas conflictivas, a pesar de lo cual un pulso muy marcado en la
batuta proyectaba estructuras patentes, pero se erigía como valladar
a la expresión de sentimientos más profundos y fluidos.
Le siguió el Concierto para violín y orquesta, de Jean
Sibelius, con la joven violinista Laura Pérez, discípula del
Profesor Evelio Tieles, con gran madurez en ejecución y profundidad
conceptual, que resaltan por la soltura y precisión en dedos pero,
más allá, por la capacidad para sostener en su parte solista planos
y caracteres diferenciados en voces y motivos sucesivos o de
accionar simultáneo independiente. Cabe lamentar que en ciertos
momentos la tapó la orquesta, presumo que por ubicarse a la altura
de la segunda fila de violines, donde podían mirarse mejor ella y el
director, pero no destacar su protagonismo en pasajes más llenos.
La segunda parte del programa tuvo la batuta de la joven
profesora Daiana García, alumna del propio Guido López-Gavilán,
quien prolonga en la cátedra su impronta musical, como viene
haciendo desde la fundacional Brigada Hermanos Saíz y múltiples
empeños posteriores. Ella abrió con la Obertura de Ruslán y
Liudmila, de Mijaíl Glinka, en un alarde que no le quedó mal:
cerró la partitura en el podio para dirigirla de memoria y su saludo
fue por lo alto, con total dominio de gestos e intenciones al hacer
brotar un torrente de música, mezcla de pompa marcial y profundo
lirismo en un devenir orgánico como la vida misma y fue el preludio
para tanta fusión de sentimientos y caracteres como los del
Concierto para piano y orquesta, en La Mayor, de Franz Liszt,
que hizo con el laureado pianista Oscar Verdeal, alumno de Ulises
Hernández.
Digo de la directora, que lució sus mejores galas y se las hizo
lucir a la orquesta toda, pero en esto cabe reconocer la parte del
pianista por el control y la calma interior que imprimió con los
primeros compases del concierto facilitando una interrelación más
estrecha con ciertos instrumentos solos o en conjunto al compartir
pasajes protagónicos con el piano. Si agregamos su capacidad para
imprimirle personalidad y carácter a cada motivo, como personajes en
una historia vivida y sentida, no lo dude: es un artista capaz de
orientarse en la más enmarañada selva sin perderse ni perdernos.
Allá va, nos arrastra, vuelve y nos devuelve de su aventura musical.
El próximo domingo la OSN tendrá al Director norteamericano
Bernard Rubenstein en la obertura de la ópera El cazador furtivo,
de Weber, la Sinfonía No. 7, de Beethoven y el Concertino
para marimba y orquesta, de Paul Creston, con el solista Luis
Barrera.