DEI: trampa explosiva en Iraq

Miguel Ángel Untoria Pedroso
untoria@granma.cip.cu

El presidente George W. Bush, como jefe supremo de las fuerzas armadas de Estados Unidos y los generales del Pentágono están profundamente preocupados. Se resisten a comprender cómo es posible que los miembros de la resistencia iraquí puedan enfrentar sus grandes unidades equipadas con los últimos adelantos de la ciencia y la técnica, a las que han causado miles de bajas a pesar de sus chalecos antibalas, tanques, vehículos blindados, helicópteros, aviones de combate y sofisticados medios de exploración y comunicaciones.

Las bombas artesanales han cobrado buena parte de las bajas al Pentágono.

La preocupación es tal que el inquilino principal de la Casa Blanca se lamentaba recientemente y calificaba de brutales lo que llamó Dispositivos Explosivos Improvisados (DEI), que no son otra cosa que minas y bombas artesanales.

Los DEI han causado casi el 40% de los muertos y heridos de las tropas de ocupación estadounidenses en Iraq. Hasta finales de diciembre del 2006 cobraron la vida a 1 157 militares de EE.UU. De ellos 451 en el último año para un promedio de 37,5 cada mes.

Según los propios estadounidenses, los DEI son armas letales. Su constructor las improvisa con los materiales disponibles y generalmente las diseña para actuar contra un objetivo específico, resultan extremadamente difíciles de descubrir y casi imposible protegerse de ellas.

Bush prometió liberar a Iraq, pero la ocupación atizó las luchas fraticidas entre comunidades confesionales, en las que hoy se utilizan las trampas explosivas contra templos, mercados e incluso universidades, en acciones en las que podrían tener participación actores interesados en la división del país, incluidos los servicios secretos israelíes.

Pero en manos de la resistencia iraquí estas armas influyen considerablemente en la moral combativa de los ocupantes, que están esperando una explosión mortal en cualquier momento.

A pesar del empleo de sistemas digitalizados de última generación para la detección de los DEI y la localización de los líderes de la resistencia iraquí, del amplio empleo de la robótica y otros medios técnicos sofisticados, las bajas norteamericanas por los DEI en Iraq, se incrementan día a día. De los 115 que murieron en diciembre del pasado año, 74 fueron a su cuenta.

Quizás una retirada total sería la solución a las preocupaciones de Bush y sus generales, pero la decisión de la Casa Blanca es incrementar sus tropas, lo que de seguro traerá un aumento de las trampas explosivas de los rebeldes iraquíes.

 

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