El presidente George W. Bush, como jefe supremo de las fuerzas
armadas de Estados Unidos y los generales del Pentágono están
profundamente preocupados. Se resisten a comprender cómo es posible
que los miembros de la resistencia iraquí puedan enfrentar sus grandes
unidades equipadas con los últimos adelantos de la ciencia y la
técnica, a las que han causado miles de bajas a pesar de sus chalecos
antibalas, tanques, vehículos blindados, helicópteros, aviones de
combate y sofisticados medios de exploración y comunicaciones.
La preocupación es tal que el inquilino principal de la Casa Blanca
se lamentaba recientemente y calificaba de brutales lo que llamó
Dispositivos Explosivos Improvisados (DEI), que no son otra cosa que
minas y bombas artesanales.
Los DEI han causado casi el 40% de los muertos y heridos de las
tropas de ocupación estadounidenses en Iraq. Hasta finales de
diciembre del 2006 cobraron la vida a 1 157 militares de EE.UU. De
ellos 451 en el último año para un promedio de 37,5 cada mes.
Según los propios estadounidenses, los DEI son armas letales. Su
constructor las improvisa con los materiales disponibles y
generalmente las diseña para actuar contra un objetivo específico,
resultan extremadamente difíciles de descubrir y casi imposible
protegerse de ellas.
Bush prometió liberar a Iraq, pero la ocupación atizó las luchas
fraticidas entre comunidades confesionales, en las que hoy se utilizan
las trampas explosivas contra templos, mercados e incluso
universidades, en acciones en las que podrían tener participación
actores interesados en la división del país, incluidos los servicios
secretos israelíes.
Pero en manos de la resistencia iraquí estas armas influyen
considerablemente en la moral combativa de los ocupantes, que están
esperando una explosión mortal en cualquier momento.
A pesar del empleo de sistemas digitalizados de última generación
para la detección de los DEI y la localización de los líderes de la
resistencia iraquí, del amplio empleo de la robótica y otros medios
técnicos sofisticados, las bajas norteamericanas por los DEI en Iraq,
se incrementan día a día. De los 115 que murieron en diciembre del
pasado año, 74 fueron a su cuenta.
Quizás una retirada total sería la solución a las preocupaciones de
Bush y sus generales, pero la decisión de la Casa Blanca es
incrementar sus tropas, lo que de seguro traerá un aumento de las
trampas explosivas de los rebeldes iraquíes.