Por aquellos días, personalidades y delegaciones populares de la
región, reunidos en el Teatro García Lorca, en La Habana, expresaban
su lealtad al proceso revolucionario en Cuba, y debatían los mejores
métodos para enfrentar al enemigo común, el imperialismo
norteamericano. Era una enérgica respuesta ante los planes agresivos e
intervencionistas de Estados Unidos contra nuestro país.
En aquella ocasión, Washington utilizaba como instrumento para
materializar su injerencia en nuestros asuntos la Conferencia de
Cancilleres Americanos, convocada por la OEA bajo presión yanki. Esta
sesionaba paralelamente en Punta del Este, Uruguay, y era calificada
por la delegación cubana como un impresionante conjunto de embustes,
cinismo y chantajes.
Embuste porque el gobierno norteamericano alegaba que con ello se
cumplía con el Tratado de Río de Janeiro, que establece como condición
indispensable para aplicarlo la agresión de una potencia
extracontinental a los asuntos americanos. En este caso, aludían a la
entonces Unión Soviética, de la cual Cuba no recibió más que el apoyo
incondicional y fraterno.
Cinismo porque en la reunión de cancilleres Washington solicitó un
acuerdo continental para intervenir en el archipiélago, luego de que
el propio presidente ya se había responsabilizado con la agresión
militar a Playa Girón; y chantaje porque fueron amenazados los
gobiernos enemigos y traidores de sus pueblos con negarles ayuda
financiera si votaban contra los intereses estadounidenses.
No obstante, como afirmaba en aquella ocasión Fidel, en entrevista
con la prensa cubana el 22 de enero de 1962: "El valor que tiene la
reunión de Punta del Este es, sobre todo, el valor de la polémica
ideológica que se va a librar allí entre el imperialismo y Cuba (¼
) Va a ser una tarea moralmente muy difícil para los imperialistas (¼
) ¡Porque Cuba va a sentar al imperialismo yanqui en Punta del Este en
el ‘banquillo de los acusados’! Esa es su misión y posición.
"Desde luego, Cuba no está librando en Punta del Este una batalla
por Cuba. Cuba va a librar en Punta del Este una batalla por toda la
América, puesto que esa batalla se está librando alrededor de un
principio fundamental: el derecho de la autodeterminación y a la
soberanía de los pueblos."
Representantes populares de todas las repúblicas latinoamericanas,
de Puerto Rico y Estados Unidos, con distintas tendencias ideológicas,
coincidieron en la Declaración de la CPAL en que:
"El triunfo de la Revolución Cubana confirma que vivimos una nueva
fase en el desarrollo histórico; que se abre definitivamente la etapa
de la liberación nacional de los pueblos, liberación que, en el ámbito
continental, no puede alcanzarse sin la liquidación del imperialismo
norteamericano. Con la lucha sostenida y valiente, con oportunidad y
unidad en la acción de todas las fuerzas patrióticas de los pueblos
americanos, el poderoso enemigo será derrotado."
Y como lo señaló el doctor Juan Marinello, entonces presidente de
la CPAL, esta fue una reunión histórica que nació desde la raíz de la
realidad americana y marchó hacia el futuro. Sus principios mantienen
plena vigencia en un panorama internacional donde despiertan cada vez
más movimientos populares latinoamericanos, impulsados por el ejemplo
y la solidaridad de países como Cuba, Venezuela, Bolivia¼
Cada vez más se aboga por la integración regional y el vivir en un
mundo multipolar signado por la fraternidad y el humanismo, se
fortalecen los gobiernos progresistas e independientes en América
Latina y las fuerzas antimperialistas a escala mundial.