SANTA
CLARA.— Dice el pitcher zurdo cienfueguero Adiel Palma que aún le
quedan muchos palmiches por desgranar sobre los diamantes de la
pelota cubana.
"Pienso tirar hasta la próxima Olimpiada, y después quiero
incursionar como entrenador para verter, en jóvenes lanzadores, los
conocimientos adquiridos", expresa el espigado lanzador de 36 años
de edad, en tránsito por su XX Serie Nacional.
Cuando la cosecha es nacional, Palma lanza desde más de 6 pies de
altura hacia el saco del pequeño y fornido receptor Osvaldo Arias,
mientras que en las faenas foráneas le ha recibido en los últimos
tiempos el máscara villaclareño Ariel Pestano.
"Mi peor evento en el 2006 fue el Primer Clásico Mundial de
Béisbol. Trabajé tres veces como relevo sin lograr la efectividad
que pretendí; el último día estuve mejor.
"Después fui adquiriendo la forma deportiva, y los demás
resultados fueron positivos. Gané seis juegos sin derrota; dos,
respectivamente, en los Centroamericanos de Cartagena; el
Preolímpico, en Cuba, y la XVI Copa Intercontinental, en Taipei de
China."
Señala que la clave para mantener su forma deportiva es:
"Entrenar, entrenar y entrenar. Lo que tú no le das al terreno, él
no te lo devuelve. Desde hace 4 años entreno con pesas,
dosificadamente, en el gimnasio. Trabajo las piernas y abdominales".
Descubre que de 1991 a 1997 fueron sus años más agobiantes.
"Sufrí muchos traumas materiales y espirituales. Primero un lipoma
en la espalda, luego otra lesión en el hombro y después en el codo.
Por eso, y por otras cosas más, me tiré a una vida bastante
desordenada".
"Después hubo un cambio espiritual en mí y fue lo que me dio
tranquilidad y paz, lo que me encarriló de nuevo por una línea de
armonía que nunca más voy a perder".
Confiesa que se apoya mucho en la psicología: "Busco recursos en
palabras como: yo puedo, yo quiero, yo debo, estoy bien, estoy
fuerte, no me preocupa nada.
"Los golpes y los tropiezos que uno recibe hay que tomarlos de
enseñanza, como experiencia. Debes sacar de ellos una noción exacta
de qué es lo correcto y lo incorrecto".
Archiva 128 victorias y 152 fracasos en Series Nacionales. Ha
propinado más de 1 550 ponches y su promedio de carreras limpias es
de 4.02. Muchos aseguran que tendría un balance más fructífero si
hubiera emigrado hacia un equipo de la primera línea de la pelota en
Cuba.
"Cuando salgo al terreno no estoy mirando si mi equipo es bueno o
malo. Por demás soy cienfueguero y nunca me fui, ni me iré para otra
provincia. Ahí fue donde surgí y ahí pienso morirme."
En esta Serie Nacional anda de nuevo virtuoso en la lomita con
dos triunfos y un revés. Dicen los campesinos que a la palma
vigorosa no hay ciclón que la pueda quebrar, ni desmochador que la
deje sin palmiche.