Entrada de Fidel a La Habana

MARTA ROJAS
marta.rr@granma.cip.cu

Por muy elocuentes que parezcan, las fotos de la entrada de Fidel a La Habana el 8 de enero de 1959 apenas muestran una parte infinitesimal del pueblo que ese día se volcó a las calles para celebrar el triunfo.

Desde el Cotorro al Palacio Presidencial, y de allí a Columbia, la caravana de los barbudos de la Sierra recibió un baño de multitud. "¡Fidel!, ¡Fidel!", era la palabra de orden, el santo y seña de los tiempos por venir.

La aparición del vehículo donde viajaba el Comandante en Jefe, que nadie podía definir a distancia si era un tanque o una montaña sobre ruedas, estremecía los corazones. Los habaneros querían ver, arropar, sentir, hacer suyos a los héroes, a Camilo con su sombrero de fieltro, alón, inconfundible; a los bravos guerreros que habían derrotado a la tiranía.

Apoteosis fue la palabra que con mayor certeza describió aquella jornada memorable. Uno de los vehículos en que viajó Fidel era un tanque arrebatado a la tiranía, simbólico pedestal. Luego se instaló en un jeep que hubiera podido rodar sin combustible, empujado por el pueblo enardecido.

Desde los balcones se lanzaban flores. Por el Paseo del Prado, por el Malecón, por el Vedado, no había a su paso ningún espacio vacío, tampoco lo hubo durante las horas de espera. Banderas cubanas y del 26 de Julio flameaban en el aire.

"El pueblo, el pueblo ganó la guerra, esta guerra no la ganó nadie más que el pueblo y lo digo por si alguien cree que la ganó él o por si alguna tropa cree que la ganó ella. Y por tanto antes que nada está el pueblo".

Fueron esas palabras pronunciadas por Fidel el 8 de enero de 1959 las que signaron el poder de la Revolución, marcaron y marcan su fortaleza, su resistencia y su razón de ser desde hace 48 años.

 

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