Ernesto Martínez, siempre igual

ALFONSO NACIANCENO
alfonso.gng@granma.cip.cu

Su indomable espíritu de guerrero y una sorprendente saltabilidad en la cancha explicaban por qué Ernesto Martínez, el hombre de menor estatura entre los nacientes gigantes del equipo Cuba, fue el capitán de aquellas selecciones de voleibol en la década de los años 70.

La muerte no es cierta cuando en el recuerdo perduran para siempre atletas como este matancero, sepultado ayer en su natal Pedro Betancourt. Un derrame cerebral, a los 57 años de edad, truncó su apreciada obra de colaborador en Pana-má, según explicaba la nota publicada por el semanario deportivo Jit.

Llevado de la mano por su carácter, mezcla de cubano jaranero y emprendedor, moldeado con el barro de quienes nunca se dan por vencidos, disfrutó como ninguno la gloria de saberse medallista de bronce en los Juegos Olímpicos de Montreal’76. Después vendrían los éxitos en el Mundial’78, en tres Juegos Centroamericanos y del Caribe, entre 1974 y 1982; las alegrías de las Copas del Mundo y los Juegos Panamericanos.

Nunca se regodeó en esos envidiables méritos. Siempre fue amigo del diálogo, que entablaba desprejuiciado y abierto. Ernesto se dio a querer en la familia del voli. Guió a jugadores juveniles, también integró la dirección de la escuadra nacional masculina de mayores, alternó con los mejores de Cuba y del mundo: nada, ni nadie cambió su frescura y naturalidad. Así fue hasta el último día.

 

| Portada  | Nacionales | Internacionales | Cultura | Deportes | Cuba en el mundo |
| Comentarios | Opinión Gráfica | Ciencia y Tecnología | Consulta Médica | Cartas| Especiales |

SubirSubir