Abrazada
fervorosamente a una causa que encontró al perder un hijo, la
pacifista Cindy Sheehan afirmó en Cuba que las atrocidades cometidas
por el gobierno de George W. Bush en el mundo averguenzan a muchos
norteamericanos.
"La guerra contra el terrorismo ha comenzado en mi país y se ha
extendido a otros para condenar la matanza de más de 600 000 iraquíes,
la muerte de más de 3 000 soldados norteamericanos (en Iraq) y de
muchos afganos", indicó al descalificar la cruzada de Washington.
En entrevista concedida a Prensa Latina, Sheehan deploró que, en
nombre del combate al terrorismo, la administración Bush torture a
prisioneros recluidos en la base de Guantánamo, territorio usurpado
por Estados Unidos en contra de la voluntad del pueblo cubano.
Luchamos incluso contra la política exterior de mi país en materia
de derechos humanos, pues los viola en cualquier parte del mundo,
subrayó la madre del soldado norteamericano Casey Sheehan.
"La muerte de mi hijo (en Iraq) cambió mi vida", afirmó sin poder
ocultar la mirada de dolor, pero con el verbo firme de quien tiene
otros tres hijos y siente orgullo de expresar que "ellos conocen lo
que hago, lo consideran necesario y me apoyan".
Cindy Sheehan llegó el sábado a Cuba junto a otras cuatro mujeres
también integrantes de la organización no gubernamental Código Rosado:
Mujeres por la Paz, promotora del cese de la beligerancia en aquella
nación árabe, la prevención de futuras guerras y la justicia social.
El grupo de pacifistas, al que se unirán otros estadounidenses,
tiene previsto trasladarse a las inmediaciones de la base de
Guantánamo, en el oriente de la Isla, para rechazar el mantenimiento
allí de una cárcel instalada el 11 de enero del 2002.
"Creemos que nuestro viaje debía coincidir con el quinto
aniversario de la apertura de la prisión para protestar por el
tratamiento inhumano que se da a los prisioneros, quienes están siendo
encarcelados sin un proceso justo", apuntó la llamada "Mamá Paz".
Sheehan, quien consideró propia la pena y la lucha de los
encarcelados en aquel penal, asistió este domingo a un culto de
oración en la Iglesia Bautista Ebenezer del municipio habanero de
Marianao, y recorrió obras sociales en la populosa barriada de
Pogoloti.
"Estamos aquí representando a la comunidad de paz norteamericana,
que lucha por el entendimiento y la paz de todos los pueblos", expresó
a los fieles congregados en ese templo.
Es posible —señaló— que nuestras bocas no hablen el mismo idioma,
pero nuestros corazones hablan el mismo idioma, el del amor, y en
nombre de ese amor vamos a Guantánamo" para apoyar a los prisioneros.
Recalcó a Prensa Latina su vergüenza "por nuestro gobierno y las
atrocidades que están siendo cometidas en Guantánamo", y manifestó
satisfacción por la calidez y unidad de los cubanos, su hospitalidad y
porque al llegar a este país caribeño "he podido soñar mejor".
"Quiero que todas las personas de mi país puedan venir y ver cuán
hermosos son ustedes, y ver cuánta vida hay aquí. Voy a luchar para
que mi gobierno ponga fin al embargo (bloqueo económico impuesto por
la Casa Blanca hace casi 10 lustros)".
La también cofundadora de la organización Familias Estrella Dorada
por la Paz, creada en enero del 2005 por parientes de soldados caídos
en Iraq y opuestos a la guerra, dijo conocer desde antes de su viaje
la lucha de Cuba por la eliminación del cerco económico.
Pero hasta la muerte de su hijo, admitió, conocía como muchos
estadounidenses solo un lado de la historia, "el lado de la
administración Bush".
Con su activismo humanitario, que la llevó a una prolongada
protesta antibelicista frente al rancho de descanso de Bush, en Texas,
pudo conocer de la causa de Venezuela, Irán, Corea del Norte y otros
países que Washington sitúa unilateralmente en un eje del mal.
"Los norteamericanos necesitan conocer y aprender el otro lado de
la historia, y estamos aquí, ahora, para conocer el lado cubano de la
historia", concluyó. (PL)