Pueblo vigilante de andar rápido

El trabajo cohesionado de los pobladores de una comunidad avileña los llevó a ser de las primeras del país en obtener la condición de Consejo Popular Vigilante y Combativo

Texto y foto: ORTELIO GONZÁLEZ MARTÍNEZ

JICOTEA, Ciego de Ávila.— A juzgar por su gente, Jicotea es un pueblo de andar rápido, de personas emprendedoras. También encuentras muchos hombres y mujeres de buen hacer. No se han propuesto que sea el paraíso terrenal, pero sí un lugar donde reine la tranquilidad ciudadana.

ENTRE TODOS ES MEJOR

El poblado, a unos 10 kilómetros al oeste de la ciudad de Ciego de Ávila, nunca tuvo mala fama, pero al decir del primer teniente Idilio Lobaina Frómeta, jefe del sector de la Policía Nacional Revolucionaria, hace un tiempo ocurrían allí más de 20 hechos delictivos cada mes.

Idilio orienta a un joven que recién comienza la vida laboral.

El accionar de la comunidad fue decisivo, incluida la disposición de los militantes de la UJC, el Partido y los demás factores del sistema: la Federación, los CDR y la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana.

Actuar entre todos fue el consenso de la primera reunión, a partir de la cual el aire comenzó a purificarse. Según las fuerzas políticas y sociales de Jicotea, la noche del encuentro marcó el inicio del cambio.

No es casual, entonces, que quienes atentan contra la tranquilidad ciudadana, cometan algún hecho delictivo o su actuar no esté acorde con las leyes revolucionarias, rindan cuenta ante la comunidad.

Cada martes se analiza a aquellos de comportamiento inadecuado. Después de un minucioso análisis, si los presentes lo consideran oportuno, los llevan a la zona de residencia, donde explican en qué violación incurrió el ciudadano y, a la vez, este deberá comprometerse ante todos en cuanto a la conducta que seguirá.

Eso ha dado resultado, pues este año, en comparación con igual periodo del anterior, hay una significativa reducción del delito.

Varios ejemplos demuestran la integración entre todos los que forman el Sistema Único de Vigilancia y Protección (SUVP).

En una ocasión, de noche, le llevaron el techo de fibrocemento a la vaquería La 19. Con la ayuda de la comunidad, localizaron el tractor y la carreta en la que habían transportado lo sustraído. Solo bastaron unas preguntas al propietario del equipo y en menos de 24 horas tenían detenidos a los comisores, y lo más importante: recuperaron las planchas.

¿Los bronqueros? Cada vez son menos. En opinión de varios pobladores, han disminuido considerablemente. Casi no hay, ni en el círculo social ni en el área del rodeo, las zonas más proclives a las riñas. Quien lo haga, después debe rendir cuentas en el barrio y no todo el mundo se atreve a ponerle la cara a la comunidad, que decide la conducta a seguir.

Francisco Rey Meneses, presidente del Consejo Popular, argumenta que en el pueblo todavía quedan 11 potenciales delictivos y otros 27 ciudadanos se acogen a la Instrucción 163 del Juez de Ejecución. "Aquí todo el mundo sabe quién es quién, pero lo más importante es que actuamos de conjunto y tratamos de agotar todas las vías profilácticas para salvar a las personas".

TODO EN FAMILIA

Eneida Bermúdez Abad, activista de prevención del Consejo Popular, es de las mujeres persistentes, tanto que, según refiere, no tomaría a mal darle el mejor de los consejos a cada uno de los más de 6 600 habitantes de su condominio, "por tal de que no cometan alguna violación", asevera.

Eso lo sabe muy bien Anaibys Cardoso Mantilla, quien un día tomó el rumbo equivocado: "Yo andaba como alma que se lleva el viento. Desde que regresé a la localidad enseguida fueron a verme para que me incorporara a una vida social activa. Los consejos de Eneida; de María Eugenia, la de la Federación de Mujeres Cubanas, y los de otras personas me sirvieron de mucho. Hoy estudio en el Curso Integral de Superación para Jóvenes y he recibido varios reconocimientos en la comunidad."

Enma Mantilla Castañeda, su mamá, quien la acompañó durante toda la conversación, fue categórica: "Mi hija es otra persona y su comportamiento cambió, gracias a los consejos y el apoyo de mucha gente buena de la comunidad. Nadie puede venir a provocármela para que vuelva a la vida que tenía. Cuando veo algo extraño, le llamo la atención, o vengo a ver a cualquiera de los ‘factores’ que mucho me han ayudado".

Esto es solo una muestra de que el trabajo de prevención social nada tiene de ingrato. Es hermoso salvar a alguien, pero sobre todo, cuando se cuenta con hombres y mujeres que compulsan a hacerlo y personas que lo interiorizan.

 

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