Tras la negativa del electo
gobernante ecuatoriano, Rafael Correa, de recibir la banda
presidencial del líder del Congreso, el mandatario Alfredo Palacio
salvó hoy la situación al proponerse para realizar el cambio de mando.
Palacio será quien dará Correa el 15 de enero próximo el atributo
oficial, durante la ceremonia de investidura que se realizará en la
sede del Legislativo, afirmaron voceros.
"Será como un acto simbólico de una transición democrática",
resaltó la víspera el electo dignatario ante unas 12 mil personas
reunidas en Guayaquil.
En el acto de transición, Palacio aprovechará enviará un mensaje a
la nación y poco después cederá la banda presidencial al vencedor de
los comicios de noviembre pasado.
Correa se muestra renuente a recibir este atributo del Parlamento,
cuya mayoría anunció su decisión oponerse a la convocatoria a una
Asamblea Constituyente, como reclama la población ecuatoriana.
"El poder no me lo entrega el Congreso, ni Alfredo Palacio; me lo
entrega el pueblo ecuatoriano", enfatizó.
Medios de prensa nacionales señalaron que el Partido Renovador
Institucional (Prian), con mayor escaños (28) en el Congreso, manejó
la posibilidad de no colocar la banda al jefe de Estado entrante.
Por ello, se prevé una ceremonia de cambio de mando distinta a la
de épocas anteriores, entre dos jefes de Estado, el saliente y el
entrante.
Tal decisión denota la confrontación que se avecina en Ecuador
entre los poderes Ejecutivo y Legislativo, que defienden posiciones
diferentes.
Precisamente, Correa alertó sobre la oposición que se avecina desde
el Congreso, encabezada por el Prian, los social cristianos, Sociedad
Patriótica y los demócratas cristianos.
Estas fuerzas políticas integrarían la nueva mayoría parlamentaria
que pretende reestructurar el Tribunal Supremo Electoral, con miras a
evitar que de paso a la consulta popular propuesta por el mandatario
electo.
Se ha constituido en el Congreso nacional "una mayoría
anticonstituyente. Se ha formado una mayoría anti-pueblo ecuatoriano",
denunció Correa.
Los legisladores esperan, asimismo, impulsar algunas reformas con
miras a frenar las transformaciones radicales anunciadas por el
mandatario electo durante su campaña del pasado año.
Analistas políticos estiman que los congresistas buscan inmovilizar
al jefe de Estado entrante y evitar perder el control político y
económico de los partidos políticos de derecha sobre las instituciones
estatales.