"Prácticamente me crié navegando. Empecé en esas labores muy
pequeño, apenas con ocho años de edad. Fui pescador, leñador en los
cayos, trabajador portuario; como marinero recorrí buena parte del
mundo."
Así rememora un hombre robusto y de inteligente mirada que lleva
navegando 79 años, quizás por aquello de seguir la tradición familiar,
o por ser consecuente con su nombre. Marino Nilo Rodríguez es hoy el
práctico de puerto más longevo de Cuba.
Siempre soñé ser capitán, pero de joven no tuve la oportunidad de
estudiar; no tenía dinero ni parientes politiqueros que intercedieran
por mí, como se estilaba en esa época, evoca Marino.
"Mucho de lo que sé, lo he aprendido con el trabajo, de manera
autodidacta. En 1956 me presenté a las pruebas de oposición para
obtener la plaza de práctico del puerto de Isabela de Sagua; logré
habilitarme, pero no pude ejercer el puesto por problemas políticos.
Luchábamos contra la dictadura de Fulgencio Batista, y para cumplir
tareas del Movimiento 26 de Julio tuve que viajar a Canadá y a los
Estados Unidos.
Un experto práctico
Al mes siguiente del trinfo revolucionario Marino realizaba sus
primeras maniobras como práctico del puerto de Isabela de Sagua, donde
47 años después aún se mantiene trabajando.
"Pienso que un práctico debe conocer el puerto ‘al dedillo’, saber
su geografía, dónde está cada piedra; ser muy ecuánime, celoso en el
cumplimiento de su deber, disciplinado.
"Debe saber combinar todas las habilidades, pues los instrumentos
advierten los cambios de rumbo más rápido que el ojo humano, pero esa
información hay que analizarla correctamente, actuar con coherencia y
precisión", subraya Marino.
Este trabajo requiere de mucho amor. En las manos del práctico,
dice, está lograr el paso seguro del buque por canales y puertos,
evitar las colisiones y el daño al medio ambiente, y garantizar la
seguridad de la población de las ciudades portuarias.
En su opinión, el mayor riesgo está en el abordaje y en el abandono
del buque. "El nombre mismo lo dice: ‘escala de gatos’. Se sube y se
baja por peldaños de cuerda, completamente vertical, en mar abierto,
donde normalmente hay mucha marejada; hay que ser diestro y poner los
cinco sentidos en lo que se hace; tener un buen equipo, pues en mi
criterio la vida del práctico siempre está en manos de los lancheros,
y hay que confiar en ellos".
Marino recuerda con satisfacción cada maniobra realizada, "con
buques de hasta 200 metros de eslora". Y aunque en los últimos años el
puerto de Isabela de Sagua se ha mantenido prácticamente desactivado,
en este longevo marinero los navegantes de la zona encuentran una rica
fuente de experiencias y conocimientos, que también ha puesto al
servicio del Consejo de Defensa del lugar, ante la llegada de
contingencias y eventos meteorológicos.
Toda mi vida ha estado relacionada con el mar, asegura Marino.