Mozart de principio a fin

PEDRO DE LA HOZ
pedro.hg@granma.cip.cu

Todo el mundo se lanzó sobre Mozart en este 2006, con motivo de los 250 años de su nacimiento. Hubo de todo, como en la famosa "viña del Señor". Desde el hallazgo de última hora de una partitura rotulada con el título Allegro di Wolfango Mozart (sic) en la oficina episcopal de Salzburgo, cuya autenticidad aún está por comprobarse, hasta el espectáculo navideño del grupo español Els Comediants que pretende, según palabras del director por estas fechas, que "la gente se vaya silbando Mozart como podría silbar hoy día cualquier estilo musical".

Foto: JOSÉ M. CORREARoberto Urbay, uno de los intérpretes mozartianos del año.

Y hasta hubo su piedra de escándalo en Berlín a causa de la polémica puesta de Hans Neuenfels para la Deustche Oper de Idomeneo, en la que el protagonista, tras contemplar las cabezas decapitadas de Buda, Jesucristo, Mahoma y Neptuno depositadas en tronos hieráticos, reemplaza la frase del libreto "los dioses han muerto" por una carcajada histérica, lo cual hacía presumir una tempestad atajada a tiempo por el despliegue policíaco de 150 agentes del orden y el riguroso examen de los espectadores por un detector de armas y explosivos.

El movimiento artístico cubano no se sustrajo del influjo mozartiano, de modo que se prodigaron las ejecuciones de su extenso catálogo. Hubo, incluso, una iniciativa del director Iván del Prado que no llegó a cuajar, pero hubiera sido un buen antídoto contra el fervor exagerado: realizar un concierto con cinco obras, una de Mozart y las restantes de eclipsados contemporáneos del genio, sin informar al público la identidad de las piezas... y premiar a aquellos que identificaran la del prodigio salzburgués.

Pero, sin lugar a dudas, merece destacarse el proyecto desarrollado a lo largo del año bajo la iniciativa y el liderazgo de Ulises Hernández, en la que el piano fue el principal protagonista.

Mediante ese proyecto fue posible acceder a una visión integral de las sonatas y fantasías de Mozart, y al mismo tiempo, a la consistencia de los resultados de la pedagogía cubana en ese instrumento, uno de los frutos más elocuentes de la enseñanza artística alentada por la política cultural de la Revolución.

Al fundamentar su elección, Ulises argumentó: "La superioridad de Mozart sobre sus contemporáneos se manifiesta en primerísimo lugar a nivel tímbrico, demostrando que él había intuido cómo evitar aquel sonido seco y forzado que en los pianos primitivos se asemeja a un auténtico ruido, y reanimando de este modo el concepto primigenio del término sonata, que era sonar. Imponiéndose a cualquier rutina formal y enfrentándose a los nuevos recursos del piano, las sonatas de Mozart superan con holgura a otras muchas escritas para este instrumento y quedan como ejemplos de la diversidad creadora de un talento único que marcó esta forma musical de manera excepcional".

En dos temporadas, una entre enero y febrero y otra en octubre, tanto en el Amadeo Roldán como en la Basílica de San Francisco, pudieron escucharse las sonatas y fantasías. El ciclo se completó con el repaso a varios de sus conciertos para piano y orquesta, con el concurso de la Sinfónica Nacional, en febrero, noviembre y este diciembre, donde hoy debe culminar con la contribución del afamado maestro Frank Fernández, el director Enrique Pérez Mesa, la OSN y destacados exponentes del movimiento coral cubano, en un programa que ya se anunció en esta página.

Tan importante como la exaltación mozartiana lo fue la consagración de sus intérpretes: Pedro Rodríguez Hernández, Yanet Bermúdez, Leonardo Gell, Fidel Leal, Roberto Urbay, Elvira Santiago, Ileana Bautista, Víctor Rodríguez, Marita Rodríguez, María Victoria del Collado, Teresita Junco, Aldo López Gavilán, Liana Fernández y el propio Ulises Hernández.

En este recuento no pueden obviarse los formidables desempeños de Alfredo Muñoz y María Victoria Collado en la interpretación por primera vez en Cuba de todas las sonatas para violín y piano de Mozart. Marita Rodríguez dedicó varios programas de música de cámara a este aniversario. La Orquesta Sinfónica Nacional presentó durante el año numerosos programas con la música de Mozart, no solo de piano, sino de flauta y violín. El Conjunto Instrumental Nuestro Tiempo, que dirige la maestra Anarelys Garriga, asumió varios importantes conciertos con la música del compositor. La orquesta Solistas de La Habana, con su programa Locos por Mozart, aportó también un memorable concierto a esta efeméride. La directora María Elena Mendiola también dedicó varias jornadas donde interpretó la música de Mozart. Y un discípulo de Jorge Luis Prats, Raphael Gómez, hizo lo suyo.

Fue tanto Mozart que con justicia terminó siendo familiar a los cubanos.

 

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