CAMAJUANÍ.—
Zaida del Río preconiza sentirse aún parte de estos parajes. "Soy y
seré de Zulueta, y de toda esta zona donde di mis primeros pasos e
hice mis primeras pinturas y poemas."
Atraída por las añoranzas de su terruño campestre, Zaida trajo
hasta aquí una muestra de sus últimas pinturas, relacionadas con la
figura femenina, la naturaleza, la belleza, sus propias emociones,
la alegría, la soledad, lo que pasa en los seres humanos, y ella
misma como protagonista.
La mujer y el colibrí son los elementos más recurrentes en su
obra. "Ya han oído hablar sobre la mujer pájaro, que es más bien
como un colibrí. Me gustan mucho las aves, y me trasmiten alegría
por el plumaje y por su colorido."
"Siento al pintarlas la sensación de volar, que es lo que más me
gustaría hacer. No obstante vuelo con el pensamiento y a veces hasta
en sueño revoloteo con las manos."
Aseguró que el 2006 fue un año muy bueno para ella. "He escrito
mucha poesía y no he dejado de pintar". Expuso sus obras en Ecuador,
Francia, México, España, Suiza y Cuba.
Admite que su estirpe campesina le ha proporcionado la admiración
por la naturaleza, el carácter abierto de ser sensible al dolor del
prójimo, y el respeto por el ser humano.
Formula que no tiene horario para crear, ni anda con un puñado de
tierra encima. "Mi tierra está en mi psiquis, como está en mí, la
lluvia, una playa, el cielo."
Zaida del Río cautivó a los camajuanenses por su peculiar manera
de identificarse, por el don de almacenar en sus ojos, y en sus
modales, la frescura de la campiña: "Donde yo nací no había
pinceles, por eso aprendí a pintar con el dedo en el aire."