Pero este acto es, ante todo, un encuentro con la historia y el
mérito revolucionarios, un encuentro con la labor de valiosos
compañeros que han sido los Ministros de Educación de la Cuba
revolucionaria. Cinco personalidades que ya forman parte para siempre
de la historia de la educación de nuestro país a partir de 1959.
Nos sentimos muy honrados de que nos acompañen Armando Hart
Dávalos, José Llanusa Gobel, Belarmino Castilla Más, José Ramón
Fernández Álvarez y Asela de los Santos Tamayo.
¿Qué tienen en común?
Todos son combatientes de las "trincheras de piedras" y de las
"trincheras de ideas". Todos se enfrentaron con riesgo de sus vidas a
la tiranía de Batista y a los planes del imperialismo contra nuestra
Revolución. A todos les une la fidelidad histórica a Fidel y a la obra
de la Revolución.
Cada uno de ellos, con tenacidad imbatible, dirigió el Ministerio
de Educación asistidos por el pensamiento de Fidel y las energías
creadoras de cada uno y contribuyó a dar respuesta a las tareas de su
tiempo histórico, al avance de la obra educacional de la Revolución y
a incrementar el prestigio internacional de nuestra patria.
Sin que estas palabras intenten sintetizar el complejo y enorme
entramado de tareas que cada uno de ellos supo llevar adelante,
debemos evocar, como somera referencia, que fue al compañero Armando
Hart al que le correspondió la responsabilidad histórica de abrir el
camino, de ser el primer Ministro de Educación de la Cuba
revolucionaria en el período de 1959 a 1965.
Hart será siempre recordado, entre un sinnúmero de actos medulares,
por la tecnificación del Ministerio de Educación; por la extensión de
los servicios educacionales a lo largo y ancho del país; por la
creación de las 10 000 aulas con la mitad del presupuesto y el apoyo
resuelto de los maestros; por la histórica Campaña Nacional de
Alfabetización; por la constitución de los primeros Maestros
Voluntarios, los maestros populares y los primeros impulsos a los
planes de formación emergente de maestros; por la constitución de las
Brigadas "Conrado Benítez" y el consecuente enfrentamiento del pueblo
uniformado a las acciones criminales de bandas contrarrevolucionarias
contra maestros y brigadistas; por los planes de Seguimiento y
Superación Obrero-Campesina; por asumir todas las tareas derivadas del
proceso de nacionalización de la enseñanza; por la creación del Plan
de Becas, su organización y dirección docente; por la creación de la
Brigada de Maestros "Frank País"; por la formación de maestros en el
plan Minas-Topes-Tarará y, entre otras tareas estratégicas, por la
creación de los institutos pedagógicos como parte de las entonces 3
universidades del país.
José Llanusa Gobel dirigió el Ministerio de Educación entre los
años 1965 y 1970. Su gestión fue un notable impulso al deporte escolar
a la vez que dio continuidad a la extensión de los servicios
educacionales; dio respuesta a la demanda de matrícula en los
institutos pedagógicos con la introducción de la entonces novedosa
modalidad de los cursos por encuentros; bajo su dirección se
incrementaron y desarrollaron los cursos de formación emergente de
personal docente; surgió la experiencia de la Escuela al Campo, se
materializó la idea de los Preuniversitarios Vocacionales de Ciencias
Exactas y reafirmó la importancia del compromiso
político-revolucionario de los educadores por encima de cualquier otra
actitud, lo que se expresó en el proceso: "Más Revolución en
educación" de gran significación político-ideológica.
Entre los años 1970 y 1972, con el compañero Belarmino Castilla Más
como Ministro, tuvo lugar el histórico Congreso Nacional de Educación
y Cultura, evento que pasó revista a la obra educacional y tomó
acuerdos que trazaron pautas a una nueva etapa. Se incorporaron al
quehacer educacional las experiencias docentes y de planficación de
nuestras queridas Fuerzas Armadas Revolucionarias. Así, se dieron los
primeros pasos del Plan de Perfeccionamiento del Sistema Nacional de
Educación; fueron creadas escuelas de formación de maestros en todas
las provincias; se extendió la idea del Plan de Escuelas en el Campo;
se creó el Destacamento Pedagógico "Manuel Ascunce Domenech" y, con la
constitución del Centro de Desarrollo Educativo en el Organismo
Central, se crearon las bases fundacionales para lo que años después
sería el Instituto Central de Ciencias Pedagógicas de la misma forma
que se constituía y se echaba a andar la Comisión Nacional de Planes,
Programas y Libros de Texto.
Entre los años 1972 y 1990, bajo la conducción del compañero José
Ramón Fernández Álvarez, se desarrolló en extensión y profundidad el
Plan de Perfeccionamiento del Sistema Nacional de Educación; se
integraron por primera vez en un sistema único los planes para la
formación y superación del personal docente; los institutos superiores
pedagógicos se constituyeron como centros de educación superior
independientes en todas las provincias y se dio inicio a las
licenciaturas en educación en todas las especialidades; se llevó a
efecto la construcción e inauguración masivas de escuelas secundarias
básicas, preuniversitarios en el campo y centros politécnicos; fue
creado el Instituto Central de Ciencias Pedagógicas; se desarrolló un
gigantesco plan editorial de libros escolares; las campañas masivas
del sexto y noveno grados elevaron sustancialmente el nivel escolar de
la población; la bandera del internacionalismo fue firmemente
sostenida por los integrantes del Destacamento Pedagógico
Internacionalista "Che Guevara" y por el Contingente de Maestros
Internacionalistas "Augusto César Sandino".
Desde 1986, surgieron los Congresos Internacionales de Pedagogía,
diálogos educacionales de la Cuba revolucionaria con el mundo.
Asela de los Santos Tamayo, con su indoblegable combatividad
revolucionaria y toda su experiencia como organizadora de la educación
en las zonas liberadas por el Ejército Rebelde y la creación de las
Escuelas Militares Vocacionales Camilo Cienfuegos, dio continuidad a
toda la labor del Perfeccionamiento del Sistema Nacional de Educación
en los diferentes tipos y niveles e impulsó la labor de investigación
pedagógica y muchas de sus ideas son retomadas en nuestros días,
tomando en consideración las experiencias educativas de las escuelas
creadas en los frentes guerrilleros.
En esta jornada de homenaje a los educadores, estos valiosos
compañeros a los que consideramos nuestros maestros expresan la
continuidad histórica del desarrollo de la Revolución, la solidez de
su obra, la defensa de la cultura, de la ciencia, de nuestra pedagogía
y, por encima de todo, la fidelidad a los principios y a las
enseñanzas de Fidel.
Hoy, cuando cientos de miles de educadores libran victoriosamente
la Batalla de Ideas, nos comprometemos con ustedes, fundadores, a
darle continuidad a la obra iniciada sin perder el rumbo que nos
trazara José Martí cuando nos dijo:
"El verdadero objeto de la enseñanza es preparar al hombre para que
pueda vivir por sí decorosamente, sin perder la gracia y generosidad
del espíritu y sin poner en peligro con su egoísmo o servidumbre la
dignidad y fuerza de la patria."