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Denuncian en Uzbekistán injerencia de Estados Unidos

TASHKENT, 22 de diciembre (PL).— La política de promoción de la democracia con fines marcados y supuestas libertades de expresión que pregona hoy Estados Unidos por el mundo representa una clara intromisión en los asuntos internos de otros países.

Iniciativas impulsadas por Washington como la creación del Fondo de ayuda a defensores de los derechos humanos (Human Rights Defenders Fund) sirven de respaldo a organizaciones en países donde Estados Unidos tiene intereses, afirmó el experto Bektosh Berdiev.

El investigador del Fondo de Política regional denunció asimismo que el gobierno norteamericano "violando las legislaciones de esos estados" desembolsa recursos financieros para cubrir necesidades personales de presuntos activistas de derechos humanos.

Los ingentes esfuerzos de la administración norteamericana para promover sus intereses mediante financiamiento a organizaciones no gubernamentales se han visto en los últimos tiempos limitados por mecanismos legales, sostuvo el analista uzbeko citado por RIA Novosti.

Dijo que, sin embargo, buscan nuevas iniciativas para sortear el control del sistema bancario de esos países y cumplir sus objetivos.

Según expertos, Estados Unidos utiliza las redes financieras a través de Freedom House, United Status Agency for Internacional Development (USAID) y la National Endowment for Democracy para infiltrar las estructuras gubernamentales de esos países.

Esta modalidad funciona combinada con otros estilos a nivel diplomático, militar, financieras y por mediación de sus servicios secretos.

El congreso estadounidense aprobó para 2006 y 2007 montos millonarios de ayuda para la "democracia" en Rusia, Bielorrusia, Ucrania, Georgia y Kirguistán, entre otras repúblicas ex soviéticas.

En el caso de Uzbekistán, el gobierno declaró ilegal el pasado año las actividades de la fundación estadounidense Fredom House, por su abierto y deliberado apoyo a opositores del presidente Islam Karimov.

Las presiones por parte de la Casa Blanca y de la Unión Europea sobre Tashkent aumentaron a raíz de la revuelta en la ciudad de Andizhan, en mayo de 2005.

Los aliados occidentales declararon un bloqueo a la venta de armas a Uzbekistán y restricciones al ingreso de funcionarios a sus países.

De otro lado las medidas de Karimov dieron un giro de 180 grados a la orientación de su gobierno esta vez hacia Rusia y al espacio postsoviético, al renunciar a su antigua alianza con Estados Unidos.

El líder uzbeko anunció antes de terminar 2005 el cierre del espacio aéreo y de su territorio al paso de aviones de tropas de la OTAN con destino a Afganistán.

También de manera unilateral decidió el desmantelamiento de la base militar norteamericana en Karshi-Janabad, considerada clave en el control estratégico del Pentágono de Asia Central.

Uzbekistán se reincorporó recientemente a la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva de la CEI.

 

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