Magnífico. La gran alegría para él. Lloyd Blankfein, máximo
ejecutivo del banco de inversiones Goldman Sachs, se llevó una prima
de 53,4 millones de dólares de compensación anual. Récord. Sin contar
el salario estratosférico que gana.
La alegría se debe a que Blankfein va a estar muy agradecido de su
presidente porque va a pagar mucho menos impuestos que en otros
momentos, gracias a la rebaja que hizo el gobierno norteamericano a
los pocos que perciben un ingreso de más de 200 000 dólares anuales.
Aunque no llega a esas alturas, John Mack, director ejecutivo de
Morgan Stanley, vuela también alto, pues había anunciado antes una
prima (¿segunda?) de 40 millones.
Esta gente, la que más gana, no tiene familiares formando parte de
las tropas en Iraq. Sus hijos no corren peligro, porque los que se
enrolan suelen ser ciudadanos necesitados de empleo o estudios, o
inmigrantes que responden a la promesa de la residencia legal en EE.UU.
Hay otra cosa, estos millonarios ejecutivos son los que más
obtienen y —como abonan menores impuestos— los que menos aportan a los
gastos de la guerra, de la que generalmente se benefician también por
otras vías. Remember Halliburton.
Pensemos también en la otra arista. A mediados de año Henry Paulson
fue nombrado (ministro) secretario del Tesoro, puesto clave en la
economía, y Paulson había establecido en el 2005 el récord de prima
(primera ese año) en Goldman Sachs, al alcanzar los 38,3 millones de
dólares. El dinero se mezcla con el gobierno.
Menos impuestos, dejar el campo de batalla a los más pobres y mirar
cómo se recortan gastos de salud y educación a los que no pueden
solventarlos, pero tienen mayores gravámenes, es lo real. El poder lo
facilita.