La revista Time ha elegido a su personaje del año. El pasado 18 de
diciembre emitió el fallo acerca del sujeto más influyente, en bien o
en mal, dentro del contexto internacional durante el 2006, y resultó
que un ente abstracto se alzó con el lauro.
Pero la decisión es como una mesa de tres patas que no puede
sostenerse, al asegurar que los clientes de la Internet son quienes
han tomado las riendas de los medios globales, "por crear y dar forma
a la nueva democracia digital, trabajar a cambio de nada y derrotar a
los profesionales en su propio juego".
A todas luces se intenta transmitir un mensaje subliminal en el
cual se quiere hacer creer que la ciudadanía ha logrado, por obra y
gracia de las nuevas tecnologías, llegar a la cumbre de la democracia,
la participación y el protagonismo. O como aparece publicado en
Rebelión: el poder.
Pura fantasía y manipulación real.
Para la elección, la revista dispuso de un sistema de votaciones en
su web para que los internautas se pronunciaran sobre quién
consideraban el personaje del año. Hugo Chávez, presidente de la
República Bolivariana de Venezuela, emergió en las preferencias del
público con el 35% de los votos, seguido del mandatario iraní Mahomoud
Ahmadinejad, con un 21%, y la actual presidenta de la Cámara de
Representantes de Estados Unidos, Nancy Pelosi, con el 12%. La
elección del público no gustó y en Time optaron por ignorar a esa
comunidad virtual, con "poder" para decidir.
La gran prensa, que de inmediato se alzó por el tácito
reconocimiento a la "democracia global" que suponen las nuevas
tecnologías, silenció la votación concreta de los lectores cuando se
proyectó por la elección del líder bolivariano como la personalidad
más importante en la arena mundial en este 2006.
En http://www.kriptopolis.org/timo-en-time hay una elocuente
alusión al hecho a través de un sugerente titular: "¿Timo en Time?" y
se señala: "Mientras algunos aún se felicitan por haber sido nombrados
‘Persona del año’ por la revista Time, circula por la Red otra versión
bastante menos amable, que deja en el internauta común el regusto
amargo de haber sido víctima de una soberana tomadura de pelo, más que
de un generoso homenaje...".
El fraude es doble, pues el veredicto del semanario ignora además
la brecha digital que separa a los seres humanos de esta "aldea
global", cuyas diferencias socioeconómicas son abismales, incluido el
acceso a Internet.
Por ejemplo, según Internet World Stats, de los más de 785 millones
de internautas conectados, casi el 70% vive en los países
industrializados, donde reside solamente el 15% de la población
mundial. Mientras que Europa y Estados Unidos suman alrededor de 450
millones de usuarios, en todo el continente africano no hay más que 4
millones, expresión de las brechas de siempre: riqueza versus pobreza.
En los países subdesarrollados o en vías de desarrollo, solo una
ínfima parte de la población tiene acceso a las nuevas tecnologías.
Son las naciones del Norte las principales propietarias y
beneficiarias de la web, así como de la industria del hardware, del
software y de la producción de los contenidos, el 70% en inglés. El
Sur permanece excluido. Lamentablemente, esta "globalización" impone
un modelo de desarrollo "desde el Norte", a su imagen y semejanza, que
para sostenerse precisa de perpetuar la pobreza, incluso la de
aquellos millones de seres humanos que en este siglo aún no saben lo
que es llamar por teléfono, y están entre los excluidos de la encuesta
de Time.