Cuando
Estados Unidos hace caso omiso del Protocolo de Kyoto y sigue siendo
el principal responsable de casi el 25% del envenenamiento de la
atmósfera, y la Europa industrial aumentó del 2001 al 2004 otro 9% su
emisión de gases, no se puede culpar a los países subdesarrollados,
como pretenden, de que los bosques desaparezcan, los desiertos se
extiendan, miles de millones de toneladas de tierra fértil vayan a
parar cada año al mar y numerosas especies se extingan.
Cierto, la presión poblacional y la pobreza conducen a esfuerzos
desesperados para poder sobrevivir a costa de la naturaleza, y por
ello no es posible responsabilizar de esto a los países del Tercer
Mundo, colonias ayer, naciones explotadas y saqueadas hoy, por un
orden económico mundial injusto.
Estados Unidos incluso condiciona un cambio de postura para que se
obligue a China a tomar medidas descontaminantes.
Sin embargo, en la más reciente cumbre climática en Nairobi, Kenya,
el secretario general de las Naciones Unidas, Kofi Annan, pidió a los
países que no han realizado grandes esfuerzos en la materia, imitar a
Beijing, "que ha tenido un enorme éxito en la separación del
crecimiento económico del uso de la energía y, por ello, ha reducido
la intensidad de emisiones".
La reunión de Nairobi fue escenario de muchas promesas, pero casi
ninguna de las que se pueda agarrar la esperanza.
El Protocolo de Kyoto, que entró en vigor el 16 de febrero del
2005, impone a las naciones industrializadas límites obligatorios de
emisiones de gases de efecto invernadero (causantes del aumento de las
temperaturas globales), con el objeto de reducirlas entre el 2008 y el
2012 en un 5,2% con respecto a los niveles de 1990.
El foro de Nairobi pretende aumentar la confianza de los países
subdesarrollados que, en general, no han recibido ayuda para luchar
contra el cambio climático. Solo nueve de los 400 proyectos que se
están beneficiando del llamado Mecanismo de Desarrollo Limpio,
previsto en Kyoto, están en África.
Cuando se efectuó la anterior cumbre, el pasado año en Montreal, se
acordó abrir "un diálogo" dirigido a "explorar y analizar estrategias
a largo plazo para hacer frente de forma conjunta al cambio
climático". Pero en Nairobi las promesas fueron virtualmente
pospuestas otro año.
Según la página web de Ecoportal, de España, en esta cita se debía
haber hablado de compromisos más allá del 2012 y que todas las
naciones ratificasen el Protocolo de Kyoto, pero el reto se hizo
imposible por la posición obstaculizadora de Estados Unidos.
A su vez, Kenneth Rogoff, profesor de Economía y Política Pública
en la Universidad de Harvard y economista principal del Fondo
Monetario Internacional, fue más explícito:
"Como norteamericano, estoy apabullado, avergonzado y desconcertado
por la falta de liderazgo de mi país frente al calentamiento global.
La evidencia científica sobre los riesgos aumenta día a día¼
pero los norteamericanos muestran muy poca voluntad o inclinación para
atemperar su consumo maníaco."
Hay que hallar rápido una solución, que no puede ser la de impedir
el desarrollo a los que más lo necesiten. El intercambio desigual, el
proteccionismo y la deuda externa agreden a la ecología y propician la
destrucción del medio ambiente, también víctima del consumismo
desenfrenado del llamado Primer Mundo.
Se trata, en resumen de pagar la deuda ecológica de un mundo
caótico que necesita orden para que la naturaleza no sea destruida.