Pagar la deuda ecológica

ARNALDO MUSA
musa.amp@granma.cip.cu

Cuando Estados Unidos hace caso omiso del Protocolo de Kyoto y sigue siendo el principal responsable de casi el 25% del envenenamiento de la atmósfera, y la Europa industrial aumentó del 2001 al 2004 otro 9% su emisión de gases, no se puede culpar a los países subdesarrollados, como pretenden, de que los bosques desaparezcan, los desiertos se extiendan, miles de millones de toneladas de tierra fértil vayan a parar cada año al mar y numerosas especies se extingan.

Cierto, la presión poblacional y la pobreza conducen a esfuerzos desesperados para poder sobrevivir a costa de la naturaleza, y por ello no es posible responsabilizar de esto a los países del Tercer Mundo, colonias ayer, naciones explotadas y saqueadas hoy, por un orden económico mundial injusto.

Estados Unidos incluso condiciona un cambio de postura para que se obligue a China a tomar medidas descontaminantes.

Sin embargo, en la más reciente cumbre climática en Nairobi, Kenya, el secretario general de las Naciones Unidas, Kofi Annan, pidió a los países que no han realizado grandes esfuerzos en la materia, imitar a Beijing, "que ha tenido un enorme éxito en la separación del crecimiento económico del uso de la energía y, por ello, ha reducido la intensidad de emisiones".

La reunión de Nairobi fue escenario de muchas promesas, pero casi ninguna de las que se pueda agarrar la esperanza.

El Protocolo de Kyoto, que entró en vigor el 16 de febrero del 2005, impone a las naciones industrializadas límites obligatorios de emisiones de gases de efecto invernadero (causantes del aumento de las temperaturas globales), con el objeto de reducirlas entre el 2008 y el 2012 en un 5,2% con respecto a los niveles de 1990.

El foro de Nairobi pretende aumentar la confianza de los países subdesarrollados que, en general, no han recibido ayuda para luchar contra el cambio climático. Solo nueve de los 400 proyectos que se están beneficiando del llamado Mecanismo de Desarrollo Limpio, previsto en Kyoto, están en África.

Cuando se efectuó la anterior cumbre, el pasado año en Montreal, se acordó abrir "un diálogo" dirigido a "explorar y analizar estrategias a largo plazo para hacer frente de forma conjunta al cambio climático". Pero en Nairobi las promesas fueron virtualmente pospuestas otro año.

Según la página web de Ecoportal, de España, en esta cita se debía haber hablado de compromisos más allá del 2012 y que todas las naciones ratificasen el Protocolo de Kyoto, pero el reto se hizo imposible por la posición obstaculizadora de Estados Unidos.

A su vez, Kenneth Rogoff, profesor de Economía y Política Pública en la Universidad de Harvard y economista principal del Fondo Monetario Internacional, fue más explícito:

"Como norteamericano, estoy apabullado, avergonzado y desconcertado por la falta de liderazgo de mi país frente al calentamiento global. La evidencia científica sobre los riesgos aumenta día a día¼ pero los norteamericanos muestran muy poca voluntad o inclinación para atemperar su consumo maníaco."

Hay que hallar rápido una solución, que no puede ser la de impedir el desarrollo a los que más lo necesiten. El intercambio desigual, el proteccionismo y la deuda externa agreden a la ecología y propician la destrucción del medio ambiente, también víctima del consumismo desenfrenado del llamado Primer Mundo.

Se trata, en resumen de pagar la deuda ecológica de un mundo caótico que necesita orden para que la naturaleza no sea destruida.

 

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