"En aquella época pedían camarógrafos de seis pies, pero parece
que yo era tan pequeño que me les fui por debajo, o a lo mejor
dijeron: vamos a dejar a este enano. Tan chiquito era que, cuando
iba a picar, (toma desde arrriba) por ejemplo, tenía que
guiarme mirando la imagen del monitor".
Ahora con el aval del Premio Nacional de la Televisión, El Jockey
recuerda su "doble entrada" a la verdadera vida: a la pantalla chica
como ayudante de electricista en el Canal 4 ("para que veas que yo
no llegué en helicóptero al penthouse"), y a la Revolución
como combatiente, clandestino primero, y, después, como soldado de
Playa Girón, tras fundar la Artillería Antiaérea en la rama de
Comunicaciones y permanecer en las FAR hasta 1963.
"Conocí a Gerardo Abreu Fontán porque él era declamador, pero
nunca me metió en ninguna célula clandestina porque decía que yo era
muy loco. Luego pertenecí a una bajo las órdenes del locutor Félix
Travieso."
Amante contumaz de la imagen (así le llama a la cámara) asegura
que "ese mundo es para mí más atractivo que el del director", oficio
que concentra los anteriores, y en el que también lo asisten sus
conocimientos como graduado de Sociología y de Historia y hasta los
dos años que estudió Filosofía y Letras en la Universidad.
Como director ha realizado reconocidos programas, entre ellos
Proposiciones, junto al cantautor Pablo Milanés, y ha merecido
lauros nacionales e internacionales, como aquel Premio Praga de Oro
que la televisión alcanzó por primera vez en 1978 mediante su
adaptación de la zarzuela El cafetal, así como otros dos en
el certamen mexicano ¡Hola, mar!
Ahora con 74 años de edad, Piñero recuerda que fue el camarógrafo
de la primera entrevista que se le hizo a Camilo Cienfuegos en
Ciudad Libertad en aquellos días triunfales de la Revolución y puede
contar infinidad de anécdotas en las que participó, como aquella
famosa broma artística y publicitaria del "platillo volador" de 1954
en la Ciudad Deportiva. "Los policías se arratonaron cuando vieron
aquello".
O cuando los estudiantes se tiraron al terreno de pelota
protestando contra el régimen, y, como la CMQ se fue del aire y solo
quedó el Canal 4 Telemundo donde él trabajaba: "El sicario Salas
Cañizares me pidió la película y le enseñé la cámara vacía. Se
alejó, aliviado, sin saber que estábamos transmitiendo en directo".
También como director de televisión, agradece "a todos los que me
precedieron y fueron mis fuentes, como Condal, Cuqui Ponce, Garriga,
Aldama y también el apoyo de mis dos Aleidas, la esposa (siquiatra y
profesora universitaria) y la hija (periodista del Informativo)",
aunque como hombre del lente envía un mensaje algo distinto:
"La televisión tiene dos reglas de oro: el efecto de presencia y
el efecto de primera fila (el televidente está en el lugar y ve las
cosas desde un lugar privilegiado). El camarógrafo debe tener ante
todo bomba para llegar a la imagen y trasladársela a ese
televidente: tiene que llevar eso en el corazón. Este es un medio
aparentemente fácil para hacer carrera y por eso hay quienes vienen
a vivir de él. Pero es al revés: hay que vivir para la televisión."