El más pequeño de los grandes camarógrafos

ANTONIO PANEQUE BRIZUELA
paneque.b@granma.cip.cu

Ernesto Piñero integra un selecto grupo de realizadores de la Televisión cubana que reúnen tres cualidades: haber inaugurado ese medio en 1950, ser combatientes revolucionarios y mantenerse contribuyendo a la formación de las nuevas generaciones. Hombre que todos conocen por el sobrenombre de El Jockey, es también por sus aportes a través del lente, el más pequeño de los grandes camarógrafos cubanos: mide solo 5,5 pies.

Ernesto Piñero, Premio Nacional de Televisión 2006

"En aquella época pedían camarógrafos de seis pies, pero parece que yo era tan pequeño que me les fui por debajo, o a lo mejor dijeron: vamos a dejar a este enano. Tan chiquito era que, cuando iba a picar, (toma desde arrriba) por ejemplo, tenía que guiarme mirando la imagen del monitor".

Ahora con el aval del Premio Nacional de la Televisión, El Jockey recuerda su "doble entrada" a la verdadera vida: a la pantalla chica como ayudante de electricista en el Canal 4 ("para que veas que yo no llegué en helicóptero al penthouse"), y a la Revolución como combatiente, clandestino primero, y, después, como soldado de Playa Girón, tras fundar la Artillería Antiaérea en la rama de Comunicaciones y permanecer en las FAR hasta 1963.

"Conocí a Gerardo Abreu Fontán porque él era declamador, pero nunca me metió en ninguna célula clandestina porque decía que yo era muy loco. Luego pertenecí a una bajo las órdenes del locutor Félix Travieso."

Amante contumaz de la imagen (así le llama a la cámara) asegura que "ese mundo es para mí más atractivo que el del director", oficio que concentra los anteriores, y en el que también lo asisten sus conocimientos como graduado de Sociología y de Historia y hasta los dos años que estudió Filosofía y Letras en la Universidad.

Como director ha realizado reconocidos programas, entre ellos Proposiciones, junto al cantautor Pablo Milanés, y ha merecido lauros nacionales e internacionales, como aquel Premio Praga de Oro que la televisión alcanzó por primera vez en 1978 mediante su adaptación de la zarzuela El cafetal, así como otros dos en el certamen mexicano ¡Hola, mar!

Ahora con 74 años de edad, Piñero recuerda que fue el camarógrafo de la primera entrevista que se le hizo a Camilo Cienfuegos en Ciudad Libertad en aquellos días triunfales de la Revolución y puede contar infinidad de anécdotas en las que participó, como aquella famosa broma artística y publicitaria del "platillo volador" de 1954 en la Ciudad Deportiva. "Los policías se arratonaron cuando vieron aquello".

O cuando los estudiantes se tiraron al terreno de pelota protestando contra el régimen, y, como la CMQ se fue del aire y solo quedó el Canal 4 Telemundo donde él trabajaba: "El sicario Salas Cañizares me pidió la película y le enseñé la cámara vacía. Se alejó, aliviado, sin saber que estábamos transmitiendo en directo".

También como director de televisión, agradece "a todos los que me precedieron y fueron mis fuentes, como Condal, Cuqui Ponce, Garriga, Aldama y también el apoyo de mis dos Aleidas, la esposa (siquiatra y profesora universitaria) y la hija (periodista del Informativo)", aunque como hombre del lente envía un mensaje algo distinto:

"La televisión tiene dos reglas de oro: el efecto de presencia y el efecto de primera fila (el televidente está en el lugar y ve las cosas desde un lugar privilegiado). El camarógrafo debe tener ante todo bomba para llegar a la imagen y trasladársela a ese televidente: tiene que llevar eso en el corazón. Este es un medio aparentemente fácil para hacer carrera y por eso hay quienes vienen a vivir de él. Pero es al revés: hay que vivir para la televisión."

 

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