Inglesa por un año y la intrahistoria

MARILYN BOBES

Quienes opinan que los temas históricos dentro de la literatura de ficción son territorio exclusivo de los hombres, encontrarán en la obra de Marta Rojas (Santiago de Cuba, 1931) un rotundo mentís.

PREMIO DE NOVELA ALEJO CARPENTIER (2006), PORTADA DE FLORA FONG.

Como en su tiempo La Avellaneda, la autora de Inglesa por un año (Editorial Letras Cubanas, 2006) aporta a su gran fresco de época una mirada que difícilmente se encuentra en la ficción histórica escrita por hombres. Eso que el escritor Miguel Barnet ha denominado la intrahistoria.

 El período en que La Habana fue tomada por los ingleses (de 1762 a 1763) ha sido poco abordado por la literatura cubana. Ahora Marta Rojas lo ha hecho y lo ha hecho de una manera sui géneris: confiriéndole a su escritura el maravilloso encanto de la ya mencionada intrahistoria.

 Es decir, que a semejanza de la bata traslúcida de uno de sus personajes (la Marquesa Beatriz de Jústiz), la autora nos devela las intimidades de seres reales transformados en personajes por intermedio de la imaginación. Y hay que decir que los personajes de Inglesa por un año están tratados con la libertad que les otorga la increíble capacidad de la autora para ficcionar, sin dejar a un lado el absoluto rigor investigativo que también la caracteriza.

 Novela de un romanticismo muy contemporáneo une a sus atractivos la inclusión de un género tan olvidado como el de aventuras a la vez que, atravesada por un fino erotismo y un elegante sentido del humor, posee todos los ingredientes para quedar afincada en la memoria del lector.

 El eficaz dibujo de los personajes, junto a una trama rica en conflictos y peripecias, convierte al filibustero Martín de Andares o Sable Desnudo (una suerte de cimarrón enraizado), a la Marquesa Beatriz de Jústiz, al escribiente Torrecillas y al fray jesuita Butler en seres de carne y hueso, veraces y reales dentro de una historia donde ficción y realidad se entremezclan con una armonía incapaz de deslindarlas haciéndonos creer en esa verdad de las mentiras de las que hablaba el peruano Mario Vargas Llosa.

 Dividida en dos partes: La bata traslúcida y Algunas sorpresas, la novela se desliza, amena y sorprendente hasta la última página.

 Me gustaría destacar, por su peculiar uso del lenguaje y su intrepidez, dos capítulos ejemplares. Ellos son Asalto de Sable Desnudo a la Marquesa Beatriz y Confesión Satánica, prioridades que nos muestran la habilidad de Marta Rojas para sortear los riesgos que entraña una visión desprejuiciada de la sexualidad cuando no viene acompañada de ese aliento poético y juguetón con que la autora ha sabido desafiar tan importante reto.

 Mención especial merece la cuidadosa investigación no sólo histórica y de época sino de cada detalle sobre el que se levanta la sólida arquitectura de este texto. Ni superficial ni pedante la novelista ha encontrado el justo equilibrio para no traicionar el hecho histórico, al mismo tiempo que lo recrea con una verosimilitud que evidencia, sobre todo, una experiencia vital más allá de los escenarios y sus protagonistas.

 Por otra parte, la capacidad de la autora para relacionar situaciones que la historia recoge como sucesos aislados constituye una suerte de rompecabezas del que, finalmente, resulta una síntesis. Contradicciones y pensamientos de una época afloran en la narración.

 En Inglesa por un año son frecuentes también las citas poéticas. Con ellas, la autora ha utilizado con sabia maestría otro género literario para conferir a su escritura una cualidad lírica que se incorpora con elegancia a los giros de su lenguaje.

 Original, digna de una tradición inaugurada entre nosotros por Alejo Carpentier, Inglesa... ha sido escrita, sobre todo, para el lector. Por sus características bien merecería una buena adaptación cinematográfica.

 Entretener y educar son objetivos básicos de este texto que, además de ameno nos resultará sumamente instructivo, a la vez que nos ayudará a conocer y a imaginar un tramo de la historia cubana cautivador y poco frecuentado.

 Saludamos pues la aparición de esta obra que, como dicen sus editores, constituye un importante aporte a la ficción histórica de la narrativa cubana contemporánea.

 

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