El Organismo Internacional de
Energía Atómica (OIEA) rechazó hoy la petición de Irán para cooperar
en la construcción segura de un reactor nuclear de agua pesada en Arak,
a unos 200 kilómetros de Teherán.
Tras tres días de intensos debates, el comité técnico del OIEA
desestimó la petición de la República Islámica, en coincidencia con el
inicio de las sesiones de dos días de la Junta de Gobernadores de ese
órgano, integrada por 35 países.
La demanda iraní esta relacionada con la terminación para finales
de esta década de esa instalación científica, con un reactor de 40
megavatios, que deberá producir isótopos con fines medicinales.
El referido organismo de salvaguarda atómica debatió, además, un
informe presentado la semana pasada por su director general, Mohamed
El Baradei, sobre el programa atómica de Irán.
Al respecto, El Baradei indicó que Teherán le aseguró hace unos
días su intención de permitir a inspectores del OIEA la toma de nuevas
muestras medioambientales en suelo iraní y de ofrecer datos sobre la
planta piloto de enriquecimiento de uranio de Natanz.
Teherán defiende su derecho al uso pacífico de la energía nuclear y
rechaza las acusaciones por parte de Estados Unidos de que intenta
desarrollar armas de destrucción masiva.
La planta de Natanz, en el centro del territorio iraní, produce
uranio enriquecido por debajo del seis por ciento de concentración,
cuando para obtener materia prima con fines militares se requiere de
una concentración de más de 90 puntos porcentuales.
Aún así, Washington insiste en presionar dentro del seno del OIEA
para aprobar sanciones internacionales contra la República Islámica,
cuyo caso ya fue llevado al Consejo de Seguridad de la ONU, el cual
aprobó una resolución en julio pasado en ese sentido.
Ese documento estableció un ultimátum de 30 días para que Irán
suspendiera su programa de enriquecimiento de uranio y aludió a la
posibilidad de imponer restricciones en caso de incumplimiento.
La resolución se basó en un acuerdo alcanzado en junio pasado en
Berlín por Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Rusia y China (todos
miembros permanentes del Consejo de Seguridad), así como el país
anfitrión, para presentar una posición común frente a Teherán.
Sin embargo, Moscú y Beijing se oponen ahora a la imposición de
sanciones al estado persa, sin contar antes con evidencias concretas
en el terreno de una violación del régimen establecido por el Tratado
de no Proliferación (TNP).
Asimismo, Irán defiende su derecho a producir uranio enriquecido,
lo cual, afirma, de ningún modo viola lo establecido por el TNP.