La Estrategia de EE.UU. para Iraq un año después

La guerra en crisis

Dr. Luis M. García Cuñarro,
vicepresidente del Centro de Estudios de Información de la Defensa

En el mes de noviembre del 2005, hace justamente un año, la Administración de George W. Bush, ante las múltiples presiones internas y externas en torno al derrotero de la guerra de agresión de Estados Unidos contra Iraq, encargó al Consejo de Seguridad Nacional la elaboración de una "estrategia" que expusiera al menos algunos lineamientos para apaciguar las críticas de todos aquellos que veían pasar los años, observaban el regreso de los muertos y heridos y se impacientaban por no vislumbrar el fin del conflicto.

Un año después, las realidades ponen en tela de juicio la denominada "Estrategia Nacional para la Victoria en Iraq" y confirma que, además de que la "estrategia" resultaba de por sí endeble, la esperada "victoria" se torna cada vez más incierta.

No resulta un secreto que el tema de la guerra en Iraq fue un problema central del recién concluido proceso eleccionario de medio término en Estados Unidos y también no es muy difícil pronosticar que lo será, tal vez con mayor fuerza, en las elecciones presidenciales del 2008. Todos, tanto demócratas como republicanos, buscarán potenciar el tema bélico, manipularlo y moldearlo en interés de obtener ventajas políticas. La bancada demócrata, ahora eufórica por la victoria en el Congreso, seguramente utilizará su fuerza y posición para atacar a la Administración con el fin de demostrar que la guerra es contraproducente no por su contenido ético y de derecho, ni por su origen equivocado, sino por la forma en que se ha conducido.

La porción republicana, en proceso de adecuarse a las nuevas circunstancias de ser minoría, es muy probable que trate de mantener el eje de la política seguida en materia del uso de la fuerza desde los sucesos del 11 de septiembre del 2001. Pero es evidente que las nuevas realidades, sumadas a otras no tan nuevas, provocarán que ese eje se mueva un poco más hacia lo "real" y junto a los chivos expiatorios, como resultó el ex secretario de Defensa Donald Rumsfeld, se trate de adecuar la Estrategia del 2005.

Según la visión que definió el Consejo de Seguridad Nacional en el 2005, la victoria en Iraq todavía no ha logrado sobrepasar la etapa de "corto plazo". Aún se combate contra los "terroristas", que en el lenguaje imperial identifica a la resistencia armada; se construyen a duras penas las "instituciones democráticas" y se organizan las fuerzas de seguridad. Por mucho que busquemos en la realidad iraquí, no han podido avanzar ni una pulgada más. La constitución, las elecciones y el gobierno instaurado, entre otras medidas exhibidas por Bush como logros de la ocupación, no aportan nuevas cualidades al conflicto, que sigue siendo extremadamente complejo e incierto.

La Estrategia del 2005 debía llevarse a cabo mediante tres carriles: político, económico y de seguridad. En lo político, los proyectos de convertir a la sociedad iraquí a la "democracia americana", no han tenido resultados. El verdadero panorama es un gobierno sostenido por las armas extranjeras y que se asienta sobre un volcán de violencia, cuyas erupciones son constantes e incrementadas. ¿De cuál gobernabilidad puede hablarse? En términos económicos, en las circunstancias descritas es impensable "restaurar la infraestructura iraquí", "reformar la economía de Iraq" y mucho menos "construir la capacidad autónoma nacional" para garantizar su desarrollo ulterior.

El tercer carril, el de seguridad, resulta torcido desde sus orígenes. Ninguna persona que sea razonablemente objetiva puede definir logros de seguridad en el sufrido Iraq. Lo que se diga a favor del escenario deseado por Estados Unidos es mala propaganda, pues la realidad lo desmiente a diario.

La elite de seguridad nacional en Estados Unidos también definió las condiciones que debían implantarse para que la estrategia resultara viable. En esencia, se rechazó de plano la existencia de un calendario para la retirada de las tropas estadounidenses de Iraq. Un año después, cuando las correlaciones políticas en el Congreso se han modificado y ante la evidencia de que la guerra "no avanza favorablemente" según los objetivos de la Administración, tanto el lenguaje, como las visiones del problema también han variado.

Muchas son las voces en el mundo que tras la victoria demócrata en el Congreso, reclaman la definición de la salida de las tropas estadounidenses de Iraq.

Los propios militares, encabezados por el General Peter Pace, máxima figura militar estadounidense, buscan fórmulas al grave problema del estancamiento político, militar y moral de Estados Unidos en el conflicto. Tres alternativas se han elaborado: la primera de ellas sugiere un incremento decisivo de la cantidad de las fuerzas militares desplegadas, que hoy oscilan cerca de la cifra de los 140 000 hombres, con el fin de desatar una guerra contrainsurgencia (insurgencia es otro de los nombres que se asigna a la resistencia popular) y "pacificar" definitivamente el país. Esta variante no es la más probable, pues Estados Unidos no dispone del contingente de tropas para una acción de esa envergadura.

La segunda opción, que parece la más probable, propone un incremento inmediato de efectivos militares, pero temporal, lo que supuestamente garantizaría preparar las fuerzas gubernamentales iraquíes para que, a mediano plazo puedan asumir el control del país.

La tercera opción, sintomáticamente denominada como "Go Home", analiza la posibilidad del retiro gradual de las tropas, lo cual, según el criterio de los militares significaría dejar a Iraq en una gran guerra civil. Es fácil suponer que esta opción tiene muy escasas posibilidades de que se adopte. El análisis de su eventual ejecución sobrepasaría las implicaciones técnico-militares para entrar en el terreno en el que nadie quiere incursionar en la política de Estados Unidos: una derrota en Iraq, aunque algunas voces, cada vez en mayor número, comienzan a desenterrar el recuerdo amargo de Vietnam.

La Guerra de Iraq, sigue siendo la guerra que Estados Unidos no puede perder, pero paradójicamente a ello se encamina la política aventurera de la Casa Blanca; solo se trata de tiempo. A propósito, Michael O¢ Hanlon, analista del tanque pensante estadounidense Brookings Institution en una crítica al senador republicano McCain reconocía, refiriéndose a la propuesta del político de incrementar tropas en Iraq, que "algunas guerras pueden simplemente llegar a ser no ganables".

En ese sentido, es bueno también apuntar que llega a ser tan importante el significado que el conflicto bélico iraquí cobra en el escenario político nacional de Estados Unidos, actual, y de cara al 2008, que muy bien pudieran adoptarse medidas desesperadas para acabar con la resistencia popular y presentar un estado de paz a partir del silencio de los sepulcros. Recursos mortíferos sobran en Estados Unidos para ese propósito y las barreras para su empleo, como ha demostrado el accionar de la cúpula política del país, son sumamente débiles.

La crisis de la guerra de los Estados Unidos en Iraq es evidente; la estrategia para la victoria ha fracasado, pero la Administración Bush no ha agotado las medidas de fuerza. Cualquier acción demente podría esperarse.

 

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