Este fármaco de una firma estadounidense no puede ser adquirido por
nuestro país "gracias" al bloqueo económico, comercial y financiero de
Estados Unidos, lo cual pone en peligro vidas en edades tempranas.
El Estado cubano para favorecer a su niñez realiza ingentes
esfuerzos por adquirir el producto por otras vías, invirtiendo el
doble o el triple del costo original.
Otro tanto ocurre para acceder a los catéteres que se emplean en la
dilatación de válvulas y cierre de defectos congénitos que, como
señaló el doctor Eduardo Pedroso, jefe del servicio de Cardiología del
hospital Pediátrico doctor Eduardo Agramonte, de Camagüey, evitarían
algunas operaciones, disminuirán el riesgo de infecciones y las
prolongadas estancias en los centros asistenciales.
Cuenta el galeno que en 1982 durante su último año de la
especialidad en el Instituto de Cardiología, en la capital, llegó a
esa institución, acompañado de sus padres, un niño dominicano de tres
años de edad, quien anteriormente había viajado a Estados Unidos para
que lo operaran del corazón.
El dinero del que disponía la familia, fruto de una colecta popular
convocada por un programa de televisión de su país, alcanzó solo para
investigaciones preliminares. El hecho de ser pobres los privó del
servicio médico. Tuvieron que desistir de someterlo a estudio y de
operarlo, aunque no tardó en aparecer la mano solidaria de Cuba.
Los padres de Betsabé, Amada, David, Adriana, Inelis y Dianelis
corrieron mejor suerte que los familiares del infante caribeño,
gracias a la red cardiopediátrica nacional, con su centro rector anexo
al hospital capitalino William Soler.
En opinión del doctor Pedroso, quien creó en 1983 el servicio de
cardiología en la institución agramontina, establecer la red nacional
en noviembre de 1986, que ahora cumple su aniversario 20, fue una idea
muy acertada en política de salud para descubrir la existencia de
cardiopatías congénitas.
El cardiólogo mencionó que cuando fundaron el servicio aquí, la
mayor presencia que veían eran las enfermedades de origen reumático,
muy ligadas al escaso desarrollo socio- económico.
La casi totalidad de las cirugías que se realizan tanto en el
William Soler como en el Cardiocentro Ernesto Guevara, de Villa Clara,
y en el Saturnino Lora, de Santiago de Cuba, corresponden a
cardiopatías congénitas, aunque en el primero son atendidos los recién
nacidos críticos y menores de un año.
La satisfacción mayor de este médico, como el de todos los
trabajadores vinculados a la especialidad, radica en el elevado índice
de supervivencia y el crecimiento de los niños hacia una vida normal,
en la que respondan al programa de rehabilitación.
"Conozco a una joven que después de una cirugía del corazón ha
tenido tres hijos por vía natural de parto y a un paciente de Ciego de
Ávila, operado de válvula mitral, que su trabajo es la monta de toros.
Desde 1991, en el centro de genética provincial de Camagüey más de
10 000 embarazadas han sido examinadas por medio de un equipo de
ultrasonido, técnica denominada ecocardiografía fetal, que permite
orientar a la gestante y a la familia la conducta a seguir en caso de
ser portador el feto de una cardiopatía congénita crítica.