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El reclamo de los ilusos
La obcecación del Plan Bush da “legitimidad” al reclamo
de propiedades. Fantasma y espejismos ante la fuerza de un pueblo
Ortelio González Martínez
PRIMERO DE ENERO, Ciego de Ávila.— Desde el norte, la brisa de la
tarde llega revuelta y Don Arturo Araoz se acomoda en el sillón con
pretensiones de eternidad.
Antigua
casa de los Araoz, convertida en hospital.
"La colonia anda bien y el azúcar da mucho dinero. Estaré en
Violeta el tiempo que sea necesario", dice resuelto.
"Que me traigan el café", ordena con voz arrogante. En pocos
segundos, uno de los peones de la casa llega con el aromático y lo
pone en las manos del "Señor Araoz", como exige que lo llamen.
Por un momento, levanta la vista y ve volar algunas auras tiñosas,
animal carroñero que abunda en los campos de Cuba: "¡Oh!, mal
presagio", exclama. Se acomoda en el sillón y desvía la mirada hacia
la piscina, aledaña a la mansión.
ESTOS OJOS VIERON...
Vicente Más Peláez conoce cada rincón del hoy municipio Primero de
Enero, no solo porque 78 años regalen mucha memoria, sino porque le
corre sangre rebelde. Tal vez fue esa la mejor herencia que le dejó su
padre, el mambí José Agustín Más Naranjo (el patriota insigne del
municipio), quien combatió a los españoles bajo las órdenes del
coronel Nicolás Hernández.
Vicente
Más conoce bien la historia de aquellos explotadores.
"Yo conocí muy bien a los Araoz, sobre todo a Arturo, quien por
aquellos años treinta estaba casado con una mujer muy rica de la
ciudad de Camagüey."
Según reza en los anales, Araoz era dueño de 246 caballerías y 54
cordeles. Tenía varias casas de recreo en otros lugares de Cuba,
incluido un lujoso apartamento en el edificio Focsa, en Ciudad de la
Habana y varias manzanas en la capital agramontina.
"Aquí, en Violeta, dos de las mejores mansiones eran suyas: donde
radican el hospital y la dirección de la Empresa de Producciones
Varias del Poder Popular.
"Después, él se marchó para el Focsa y dejó las propiedades a un
sobrino, quien también se fue poco antes del triunfo de la
Revolución."
Ese hombre era déspota. Se lo digo yo, que lo conocí, precisa
Vicente, quien durante muchos años laboró en el central y también se
desempeñó, entre otras funciones, como presidente del Poder Local,
antes de que surgiera el órgano de Gobierno actual.
Dicen que hace un tiempo uno de los descendientes de Araoz estuvo
por aquí y tiró fotos. Eso es lo que les queda. Vivir del recuerdo.
Yo
sufrí la época “difunta”, asegura Ana.
Ana Rey Martínez de 78 años, también sufrió la época "difunta",
como llama a aquel ayer de oprobios. "¿Volver, volver? Eso dice una
canción. Si quieren reclamar las propiedades, que lo hagan. Nosotros
seguiremos durmiendo tranquilos".
"Yo sufrí mucho antes del triunfo revolucionario. Mi padre crió a
cuatro hijos con 40 centavos que ganaba al día. Si llegaran a hacerse
realidad esas fabulaciones (lo cual dudo), yo tendría que irme de mi
casa. Y muchos como yo, porque el batey, casi completo, fue de las
compañías norteamericanas, y después de los Falla Gutiérrez, una de
las familias más adineradas en Cuba en aquellos tiempos."
LOS VERDADEROS DUEÑOS
La defectóloga Litzy González Morales y la enfermera María Elena
Arozarena respiran tranquilas bajo el mismo techo que un día fue la
mansión de la familia Araoz.
Aseguran que el "fantasma" no las asusta, no lo ven por ninguna de
las partes de la añeja construcción, aunque algunos ex dueños, según
el Plan Bush, se crean con derecho a reclamar sus antiguas
propiedades.
"¿Qué sucedería si el inmueble fuera demandado por algún
descendiente del hacendado, según el draconiano Plan para Asistir a
una Cuba libre? Los más de 200 trabajadores del hospital iríamos a la
calle, incluidos los 36 galenos y un gran número de enfermeros y
enfermeras. Más de 16 500 personas quedarían sin atención médica
gratuita", manifiesta María Elena, nieta de quien se vio obligada a
ser criada de uno de los administradores del ingenio, antes de 1959.
Eduardo Leyva Padrón fue tajante: "Muchas de las obras que hoy
construimos en medio de la Batalla de Ideas, se levantan en las
otroras propiedades norteamericanas, o de ricachones cubanos que
huyeron del país. ¿Vamos a entregárselas mansamente? Aquí los
verdaderos propietarios somos nosotros".
Tiene razón. El chalet es hoy un hospital; la colonia una empresa,
y el ingenio Violeta, el central Primero de Enero, detrás de cuyas
chimeneas siempre aparece el sol, después del enero de 1959. |