La reunión que sostendrá el
presidente George W. Bush y el primer ministro de Iraq, Nuri al-Maliki,
es considerada hoy como un anticipo de cambio en la política
estadounidense de guerra en ese país árabe.
El encuentro tendrá lugar en Jordania el 29 y 30 de noviembre.
La Casa Blanca dijo que la reunión será para discutir sobre la
seguridad en la nación del Golfo Pérsico en momentos en que más
animadores de la agresión dan la espalda a Bush y lo culpan del
fracaso.
A mitad de su segundo mandato Bush intenta encontrar una vía que lo
lleve a la "victoria" como plantea en sus casi diarias referencias
sobre el tema.
Mientras, son más los que buscan alguna opción para Iraq que
permita a los estadounidenses evitar una derrota o una prolongación de
la guerra.
Entre los ahora críticos de la Casa Blanca se encuentra Henry
Kissinger, ex secretario de Estado estadounidense, y Richard Perle,
quien fue jefe de asesores del Pentágono en los primeros años del
gobierno de Bush.
Ambos funcionarios, que apoyaron la agresión, ahora cuestionan y
condenan la forma en que el gobierno planteó su estrategia bélica en
la nación del Medio Oriente.
Kissinger estima que es imposible una victoria militar y admite que
fue un error la invasión, lo que contraria el discurso del mandatario.
Mientras, la situación es tema obligado de círculos
estadounidenses, en los que se discuten las más variadas teorías para
enfrentar la crisis.
Demócratas y republicanos en el Congreso adelantan opciones que van
desde incrementar el número de uniformados hasta comenzar una retirada
escalonada de las fuerzas.
Según un artículo de David Brook, corresponsal del diario mexicano
La Jornada, "todos participan en una búsqueda cada vez más histérica
para encontrar alguna "opción" para cambiar el curso de lo que ya casi
todos aceptan, es un desastre".
Para Kissinger "Estados Unidos, tendría que buscar una opción entre
una victoria militar y un retiro total".
Sólo hace unos meses, el periodista Bob Woodward citó a Kissinger
declarando que la única estrategia para salir de Iraq era una victoria
plena, plantea La Jornada.
Otros como Kenneth Adelman, en declaraciones al Washington Post,
consideran que Iraq es una debacle y señala que la guerra "no tuvo que
ser manejada tan mal como lo fue. Es atroz".
El abandono de cercanos colaboradores y las críticas de su
estrategia indican que Bush terminará por convertirse en el chivo
expiatorio del fracaso estadounidense.
Al parecer, según la Jornada, hay muchas opciones pero pocas
soluciones. Y ahora nadie quiere ser vinculado con lo que no hace
tanto proclamaban orgullosamente como su "visión" para el mundo.
Como dice el dicho, puntualiza el rotativo, "los éxitos tienen
muchos padres, pero los fracasos son huérfanos".