Un empresario paquistaní detenido
en la base naval estadounidense de Guantánamo, en Cuba, se niega a ser
operado del corazón por temor a que los médicos del enclave le causen
más daños que los que ya tiene, denunció hoy la defensa del
prisionero.
En declaraciones a medios de prensa, el abogado Gaillard T. Hunt
señaló que su cliente, Saifulá Paracha, teme correr la misma suerte
que otros reos pacientes, quienes empeoraron su situación, víctimas de
negligencias médicas.
Hunt citó el caso de dos presos que perdieron sus cuerdas vocales
en intervenciones quirúrgicas de rutina para extirparles las
amígdalas.
Destacó, además, la amarga experiencia de un reo a quien fue
necesario amputarle parte de una pierna debido a la infección
provocada por un apósito dejado en su interior.
Dramático también es el caso de otro reo que perdió un testículo
por fallas de los galenos.
Las autoridades médicas de la base pretenden que Paracha, de 59
años, sea sometido a un cateterismo, ya que ha sufrido varios infartos
cardíacos.
El procedimiento implica insertar una cánula en una de las
arterias, para acceder a una de las aurículas del corazón, tomar un
registro de la presión sanguínea y comprobar los niveles de oxígeno en
sangre.
Ante la complejidad de este examen, y los dantescos antecedentes,
Paracha solicita ser transferido a un hospital en Paquistán, incluso
en territorio norteamericano.
En el enclave de Guantánamo, territorio cubano ocupado por Estados
Unidos en contra de la voluntad de las autoridades y el pueblo de la
isla, el Pentágono mantiene a unas 450 personas, detenidas a raíz de
la invasión a Afganistán a fines de 2001.
Todos están etiquetados de combatiente enemigo, término utilizado
por Washington para mantenerlos al margen de toda asistencia legal.
En enero de este año, la revista New England Journal of Medicine
informó que los médicos militares de la base utilizan sus
conocimientos para alistar técnicas coercitivas de interrogatorios,
incluidas prácticas de torturas y abusos.
Los galenos estadounidenses intervinieron en la prescripción de
métodos de coacción contra los detenidos, entre estos la privación del
sueño, posiciones dolorosas y otros abusos.
"Ciertamente, el personal médico que ayudó a desarrollar y ejecutar
esos agresivos planes violaron las leyes de la guerra", señaló la
revista, a partir de entrevistas con más de una veintena de soldados.
El artículo acusó a los médicos de violar la ética profesional al
entregar los expedientes de salud de los prisioneros al personal de
inteligencia, así como de asistir a los interrogatorios.