Caimito del Hanábana: destellos del maestro

texto y foto: Ventura de Jesús

Como todos los hechos que acompañan la vida de José Martí, Caimito del Hanábana ocupa un sitial elegido en la historia de Cuba.

Su recuerdo en este espacio es indestructible.

Entonces se entiende por qué cada día son más las personas que no se resisten a la tentación de visitar el memorial Caimito del Hanábana, ese apartado recinto de la geografía matancera donde hiciera estancia José Martí a la edad de nueve años.

Allí llegó un 13 de abril de 1862 en compañía de su padre Don Mariano, nombrado Capitán Juez Pedáneo de Hanábana. Hizo las veces de escribano de su progenitor hasta el mes de diciembre del mismo año. El lugar, separado unos 700 metros de la Autopista Nacional y en las inmediaciones de la localidad de Amarillas, infunde respeto y admiración.

La gente se aproxima al histórico sitio con el regocijo de ver el lugar donde el niño Martí conoció las bondades de la naturaleza y el pavor de la esclavitud. Algunos historiadores aseguran que Caimito del Hanábana fue precursor del pensamiento político del Maestro.

Así piensa Darmara Cruz, una de las veladoras de sala en el Memorial. "Aquí se aceleró su toma de conciencia. Se puede apreciar en la carta que le envió a su madre Doña Leonor Pérez, considerada la primera obra escrita y la más antigua carta suya que se conserva".

Su recuerdo en este espacio es indestructible, dijo Darmara con la gratitud especial de los pobladores de la región.

Desde el momento de su inauguración hemos realizado disímiles actividades sociopolíticas y culturales. Todos quieren saber lo que incitó a Martí a escribir cosas como: "¿Quién que ha visto azotar a un negro no se considera para siempre su deudor? Yo lo vi, lo vi cuando era niño, y todavía no se me ha apagado en las mejillas la vergüenza".

Por lo apartado y solitario del lugar, precisa, mucha gente se pierde la posibilidad de intimar con un pasaje en la historia de Martí que tanta resonancia tuvo luego en el curso de su vida.

Los tragaluces ubicados en el techo del edificio son de los mayores atractivos. La luz penetra por esos orificios y marca fechas notables en la vida de Martí. El sol y la luz lo dicen todo en el Memorial.

Domingo Alás fue quien estuvo a cargo de esta obra en tributo al Apóstol. La construcción es solar por el valor que le otorgara Martí a la luz y al Sol, dijo en cierta ocasión el reconocido arquitecto. Cuando Martí habla de luz, lo hace casi siempre refiriéndose a la dignidad, subrayó.

Una valla anunciadora y situada, por ejemplo, en la Autopista Nacional, pudiera avivar la curiosidad de los pasajeros y multiplicar el conocimiento acerca de ese suceso trascendente en la vida de nuestro Héroe Nacional, quizás insuficientemente estudiado.

 

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