En la sociedad de consumo, las cifras del derroche tienen tanto de
paranoia como en los tiempos de Nerón. Cada vez que arde una gota de
petróleo se expulsan a la atmósfera CO2 y otros
gases contaminantes. ¿Las consecuencias?: "más lluvia ácida", "más
contaminación de todo tipo", "más cambio climático": menos futuro. A
este ritmo, absolutamente insostenible, no es profecía asegurar el
trágico sacrificio de nuestra especie.
A las puertas de la crisis petrolera, la energía supone uno de los
más fascinantes y complejos campos de estudio, toda vez que el
escenario actual de las transformaciones energéticas incluye el cambio
de modelos de consumo, hábitos y patrones de vida arcaicos, por siglos
instaurados en el imaginario público.
Pero el problema no se circunscribe a la simple "descarbonización"
de los modelos de generación; las actuales circunstancias exigen de
cambios en el entramado cultural de productores y consumidores,
atendiendo al fomento de una conciencia energética.
Cada día es más preciso que el reconocimiento del escenario en que
se desarrollen las transformaciones tecnológicas, esté en función del
uso racional de los recursos; la descentralización, como expresión de
autonomía, incluso política; y la multiplicación de perspectivas más
cercanas al desarrollo sostenible, en armonía con el medio ambiente.
Cada vez es más cierto que las respuestas que el momento requiere
no pueden ceñirse a dos o tres expertos. "La búsqueda social de
alternativas para resolver el problema del desarrollo energético,
sostiene el doctor Jorge Núñez Jover, presidente de la Cátedra de
Ciencia, Tecnología y Sociedad de la Universidad de La Habana, debe
pasar por una cultura de la población que sepa, por una parte,
interiorizar las decisiones adoptadas, ejecutarlas de manera efectiva,
pero que también sea capaz de imaginar y proponer alternativas, de
participar e influir sobre esas decisiones, y esto es nuevamente un
fenómeno ligado a la cultura".
La Revolución Energética que lleva a cabo el país, supone un
proceso de transición hacia el uso de fuentes renovables de energía,
sustentado en la formación de una conciencia energética en la
población, que contribuya al avance de una mayor independencia
energética, que es decir independencia política. Pero tal
reestructuración requiere de ciudadanos con un número de conocimientos
básicos que propicien su adaptabilidad a las circunstancias de su
entorno, aprender y aprehender la realidad inmediata que les permita
una mayor participación en los procesos de su cotidianidad.
Se impone entonces encontrar caminos comunes en un proceso a todas
luces comunicativo, en el que intervienen todos los factores de la
sociedad, desde la primera agencia socializadora, que es la familia,
hasta la escuela, los colectivos laborales y los medios de difusión en
cada mensaje.
Ya no solo se trata de alentar al ahorro y la eficiencia con
llamados aislados, muchas veces inexactos. La idea de comprender el
mundo de acuerdo con las peculiaridades de nuestro propio entorno
ambiental, social y humano, es la más importante invitación a pensar,
a ponernos de acuerdo, emisores y receptores, todos juntos.