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MIAMI Los
congresistas mafiosos naufragan junto a Bush
JEAN-GUY ALLARD
Con la espectacular derrota sufrida por
Bush y su tropa republicana en las elecciones del 7 de noviembre, la
mafia cubanoamericana del sur de la Florida tuvo que abandonar sus
ilusiones en cuanto al control que soñaba ejercer sobre importantes
mecanismos de la Cámara de Representantes.
Mario
Díaz-Balart en una reciente visita a Iraq.
A los tres congresistas mafiosos que apoyaron en el 2003 una
insólita manifestación a favor de la guerra contra Iraq —y a favor de
una agresión a Cuba— no les queda otro remedio que acompañar a Bush en
sus desventuras.
A pesar de sus relaciones, a menudo equívocas, con los grandes
lobbies que orientan la política norteamericana, de disponer de fondos
electorales aparentemente inagotables y de conocer todos los trucos
electoreros, Ileana Ros-Lehtinen y los hermanos Lincoln y Mario Díaz-Balart
han tenido que contentarse con resultados mediocres que no se
corresponden con la famosa leyenda del "voto cubanoamericano".
Mientras cerca de un millón de cubanos viven en la zona
metropolitana de Miami, son apenas 200 000 los votos que han reunido,
conjuntamente, los tres candidatos frente a adversarios desconocidos,
con presupuestos ridículos y sin apoyo de su partido que, todos, han
alcanzado resultados que rondan el 40% del sufragio expresado.
Ileana Ros-Lehtinen, quien desde hace un año y medio, multiplicaba
las contorsiones para hacer olvidar su imagen de fundamentalista
anticubana para conseguir la presidencia del Comité de Relaciones
Internacionales de la Cámara Baja, puede regresar a sus malos hábitos
y olvidarse de sus aspiraciones.
La "Loba Feroz" tenía casi la certeza de heredar el estratégico
puesto de Henry Hyde. La llegada intempestiva de los demócratas barre
toda posibilidad para ella de jugar ese importantísimo papel y
manipular por su cuenta la política exterior norteamericana.
Ileana Ros-Lehtinen es la hija de Enrique Ros Pérez, quien conspiró
con el Frente Revolucionario Democrático y el Consejo Revolucionario
Cubano, dos criaturas terroristas de la CIA. Lideró la campaña a favor
de la liberación de Orlando Bosch en 1989, y la obtuvo con la ayuda de
su entonces director de campaña, Jeb Bush y de Otto Reich.
En Washington, contribuyó activamente a la penetración de la Casa
Blanca por la extrema derecha miamense, conjuntamente con sus socios
Reich y Roger Noriega, ambos alejados luego del poder.
Las decenas de miles de dólares que se gastó en propaganda
electoral le consiguieron unos 77 962 votos, mientras su adversario,
Dave Patlak, hasta entonces desconocido fuera de su familia inmediata,
cosechaba 47 734.
Lincoln Diaz-Balart, hijo de un precursor del terrorismo contra
Cuba —Rafael Diaz-Balart, ex ministro de Gobernación de Batista,
fundador de la Rosa Blanca, que devino organización terrorista—
también puede renunciar a ocupar la presidencia del Comité de
Reglamento de la Cámara, tal como se lo proponía, lo que le hubiera
otorgado poderes reales en el manejo de las actividades del órgano
legislativo.
Tampoco fue impresionante el número de votos que reunió este
eminente miembro de la fauna mafiosa de Miami, quien reclamó
públicamente, en alguna oportunidad, el asesinato del Presidente
cubano. Fueron solo 65 368 votos frente a su adversario, el también
desconocido Frank González, que llegó a reunir 44 972.
Por su parte, Mario Diaz-Balart no impresionó a nadie con los 59
507 votos que reunió frente a Michael Calderón (42 624), que nadie,
salvo su abuela, conocía en Miami antes de estos últimos comicios.
RECHAZO A LA GUERRA Y A LA CORRUPCION
Si el rechazo a la agresión contra Iraq tuvo un importante impacto
en el voto, el ambiente de corrupción que rodea a la Administración
Bush con el escándalo Abramoff-DeLay y el disgusto generalizado hacia
los políticos "sucios" han afectado seriamente al trío llamado
"cubano" de Miami (Mario ni siquiera nació en Cuba) a pesar de sus
poderosas alianzas subterráneas.
El hermanito Mario aceptó 10 000 dólares del fondo ARMPAC de Tom
DeLay, el ex líder corrupto de la Cámara Baja norteamericana,
implicado en medio del enorme escándalo desencadenado con la
inculpación del corruptor Jack Abramoff. Este último, desenmascarado a
raíz de maniobras financieras para la adquisición de cruceros,
precisamente en Miami, ya ha confesado su culpabilidad y negociado sus
secretos con el FBI a cambio de una condena reducida. Lo que viene
ahora será impactante.
No es por nada que el Democracy Believers PAC, manejado por los
propios hermanos Díaz-Balart, ha contribuido con 5 000 dólares con el
fondo de gastos legales de Tom DeLay, quien abandonó su puesto bajo
acusaciones de corrupción, lavado de dinero y financiamiento ilegal
electoral.
Según las estadísticas de la Cámara, los tres congresistas
cubanoamericanos votaron el 93% de las veces, en el último año, al
lado de Tom DeLay, quien entre muchas otras cosas ha aceptado dinero
de los gigantes de la industria farmacéutica a cambio de leyes que
protegen los altísimos precios de los medicamentos.
Como testimonio de su reconocimiento a la inquebrantable fidelidad
del trío mafioso, DeLay se prestó el 20 de febrero del 2004 a un show
anticubano, en Miami, en un evento convocado por capos de la mafia
cubanoamericana. Ahí pronunció un discurso groseramente anticubano en
presencia de sus tres amigos retribuidos.
LOS RECIEN LLEGADOS SE ALEJAN
Lo cierto es que a medida que los cubanos llegados a EE.UU. después
de la ola batistiana se hacen ciudadanos norteamericanos y se
inscriben para votar, tienden a alejarse del dominio mafioso y a
tratar de elegir a quien no amenaza sus relaciones familiares con la
Isla.
El apoyo de los congresistas "cubanos" de Miami a las reglas
promulgadas por Bush en el 2004 en contra de los viajes a la Isla,
restringiendo hasta la definición de lo que es un familiar, les ha
costado bastantes apoyos a la hora del voto.
Por otro lado, los "tres stooges" de la política miamense de
extrema derecha a quienes se les escapa la clientela tradicional, que
estimaban cautiva, enfrentarán ahora los ajustes de cuenta de un poder
legislativo dominado por los demócratas quienes, desde hace más de una
década, tenían las manos atadas.
Por cierto, el inesperado y espectacular cambio de panorama en
Washington pone a Ileana Ros-Lehtinen, los hermanos Lincoln y Mario
Díaz-Balart y su mafia extremista, que acompañan a Bush en su
naufragio, en una situación a la cual no estaban acostumbrados... que
quizás les reserve pronto sorpresas algo desagradables. |