La necesidad de fortalecer la prevención, el desarrollo de una
cultura y uso del conocimiento científico en los proyectos, así como
la construcción de obras fueron reclamos del III Taller de Prevención
y Mitigación de Desastres, efectuado en la ciudad cubana de Santiago
de Cuba.
El encuentro propició el debate en aspectos tan importantes como el
de concebir el planeamiento urbano, teniendo en cuenta las amenazas
naturales del entorno y aplicar técnicas y materiales de construcción
adecuados, con vistas a que las edificaciones sean más duraderas y
resistentes a tales embates.
La mayor parte de los casi 30 trabajos correspondieron a ponentes
cubanos y demostraron el progreso del país en este frente, así como
también acerca de los retos, evaluación de las principales amenazas y
de sus impactos, en función de reducir la vulnerabilidad y los
riesgos.
Entre los temas sobresalen los referidos a los fenómenos geológicos
e hidrometeorológicos, la capacitación institucional y comunitaria,
desarrollo de sistemas de alertas y planes de reducción de desastres,
lo cual es resultado de una voluntad política encaminada sobre todo a
proteger a la población.
Este taller, auspiciado por la Unión Nacional de Arquitectos e
Ingenieros de la Construcción de Cuba (UNAICC), estimuló el
intercambio de experiencias y un mayor nivel de actualización de
estudiosos y profesionales.
La prevención hidrológica, el comportamiento de las inundaciones y
de los incendios forestales, las normas cubanas de sismoresistencia,
análisis de la vulnerabilidad y problemáticas en el ordenamiento
territorial fueron algunos de los trabajos presentados.
Asimismo tuvieron gran acogida las presentaciones de expertos de
Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas, en particular la
conferencia sobre Planes para la mitigación del riesgo sísmico en la
nación suramericana.
Minimizar los efectos de los cataclismos es una urgencia en todo el
mundo, ya que constituyen una amenaza al desarrollo de los pueblos,
tanto por las pérdidas económicas como humanas.
En la última década los desastres ocasionaron más de 600 mil
víctimas fatales en el orbe, problema ante el cual se precisa de un
compromiso tangible en todos los países en su enfrentamiento