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Ensañamiento cruel e irracional contra Cuba
Salim Lamrani
La
Asamblea General de las Naciones Unidas vuelve a condenar, el 8 de
noviembre del 2006, por decimoquinta vez consecutiva, las sanciones
económicas inhumanas que Estados Unidos impone a Cuba desde el 6 de
julio de 1960. Por su lado, Washington no deja de aumentar la presión
sobre La Habana. Después de las medidas draconianas adoptadas el 6 de
mayo del 2004 y el 10 de julio del 2006, la Casa Blanca prosigue su
política irracional y cruel.
En efecto, el 10 de octubre del 2006, se creó un nuevo grupo
destinado a reforzar las restricciones contra Cuba, con el objetivo de
perseguir a las agencias de viajes, empresas y ciudadanos que
quebrantaran la ley en vigor.
El procurador federal del sur de Florida, Alexander Acosta,
presentó la impresionante entidad nueva (Grupo de Trabajo para
Reforzar las Sanciones contra Cuba, CSETF), integrada por varias
agencias gubernamentales tales como la Oficina de Control de Bienes
Extranjeros (OFAC), el Departamento del Tesoro, el Departamento de
Seguridad Interior, el Servicio de Rentas Internas (IRS), los
servicios de Inmigración y Aduanas (ICE), el Departamento de Comercio
y los servicios de Guardacostas y de la Protección de Fronteras (CBP).
Acosta indicó que el refuerzo de las sanciones contra Cuba era una
de las prioridades políticas del país. "Queremos dejar bien claro que
las agencias federales están alertas para asegurar que se cumplan las
regulaciones relacionadas con Cuba".
Así, cualquier cubano de Estados Unidos que visitase a su madre
enferma en Cuba sin conseguir el permiso de salida del territorio
expedido por el Departamento de Tesoro, que pase en la Isla más de 14
días cada tres años, que gaste más de 50 dólares al día durante su
estancia de 14 días, que mande una ayuda económica a su primo, a su
tía, o a su padre si este es miembro del Partido Comunista, se
arriesgaría a una condena de 10 años de cárcel y un millón de dólares
de multa.
 
Las restricciones de viajes a Cuba, como parte del bloqueo, también
han provocado manifestaciones de repudio entre la comunidad de origen
cubano en Miami, donde se exige respeto a los lazos familiares.
Del mismo modo, cualquier turista estadounidense que pase un fin de
semana en La Habana sería susceptible de recibir las mismas sanciones.
El procurador del sur de Florida, desde luego, justificó estas
medidas subrayando la importancia de "acelerar el proceso de
transición en la Isla". Desde el 2004, los viajes entre Cuba y Estados
Unidos bajaron en un 54%, según la OFAC. En el 2005, las sanciones
contra Cuba costaron 4 100 millones de dólares a la economía cubana,
lo que hace un total de más de 86 000 millones de dólares desde 1960.
Las sanciones económicas contra Cuba también tienen carácter
extraterritorial y afectan a las empresas extranjeras. Así, todo
producto que contenga un 10% de componente estadounidense no puede
exportarse a Cuba.
De la misma forma, todo producto que contenga un componente cubano
no puede venderse en el mercado estadounidense. Por ejemplo, una
empresa francesa de pastelería tiene que demostrar al Departamento del
Tesoro que sus productos no contienen un solo gramo de azúcar cubana,
antes de poder distribuirlos en el mercado estadounidense.
Una empresa de automóviles japonesa también tiene que probar que
sus coches no contienen un solo gramo de níquel cubano antes de poder
acceder al mercado estadounidense.
El gobierno estadounidense acaba de colocar en su lista negra al
banco holandés Netherland Caribbean Bank (NCB), una filial del grupo
ING, a causa de sus relaciones comerciales con Cuba. Ahora la NCB no
puede hacer negocios con ninguna empresa o ciudadano estadounidense.
Las sanciones económicas contra Cuba no son en absoluto un asunto
bilateral entre dos naciones.
El
bloqueo pretende rendir por enfermedades.
En marzo del 2006, el Departamento del Tesoro prohibió a cerca de
100 científicos, neurólogos y médicos estadounidenses que participaran
a la Cuarta Conferencia Internacional sobre Coma y Muerte que tenía
lugar en La Habana. Según las autoridades, tal participación no era
consecuente con la política exterior de Estados Unidos.
En septiembre del 2006, Estados Unidos negó una visa al ministro
cubano de Salud, José Ramón Balaguer. Este había sido invitado a
participar en una reunión del Comité Directivo de la Organización
Panamericana de Salud (OPS), del 25 al 29 de septiembre, pero no pudo
asistir al evento a pesar de que Cuba es miembro fundador de dicha
institución. Una vez más, Washington no respetó las obligaciones de
los países que son sede de un organismo internacional.
Los ejemplos sobre los efectos perversos de las sanciones
económicas podrían multiplicarse hasta el infinito. Ya es hora de que
cese este ensañamiento sórdido y cruel contra la población cubana.
(Tomado de Rebelión) |