Dos estrenos en concierto

TONI PIÑERA

Dos estrenos mundiales colorearon otra noche del 20 Festival en la sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana: Danzas de Mozart, y Teseo y el minotauro.

Escena de Danzas de Mozart.

En el aniversario 250 del célebre músico austríaco, otra obra lo recordó en este encuentro, de la mano de un joven coreógrafo que poco a poco va encontrando su personalidad sobre las tablas: Eduardo Blanco. En Danzas de Mozart se reúnen técnicas y capacidades expresivas alimentadas de la danza clásica, la moderna, la pantomima, el humor y la gimnasia, con la incorporación de elementos que se acercan al espíritu de divertimento que transmite en sus trabajos. Sencilla pero amena coreografía que desborda de ímpetu juvenil, y sobre todo que crea un balance entre el plano visual y su soporte sonoro —una composición homónima de Mozart de la cual toma su título—. En una atmósfera lúdicra —que no molesta ni llega a la caricatura—ocho muy jóvenes bailarines de la más reciente promoción —debemos seguir sus nombres—, bailaron a la perfección y retaron el espacio para imponer sus formas en ese rejuego visual. Con ellos, el autor se repartió parte del triunfo. Muy bien los diseños de Frank Álvarez.

Un destacado coreógrafo cubano al que debemos emblemáticos títulos del BNC, Iván Tenorio, asomó en esta edición con Teseo y el minotauro, basado en una leyenda de la mitología griega, que como concepto fundamental esgrime el triunfo de la civilización sobre la barbarie. Sugestivo trabajo que armoniza con la música —canciones griegas antiguas en versión orquestal de Vangelis—, la sencillez, elegancia y, sobre todo, eficaz economía de recursos de los diseños de Ricardo Reymena, que alcanzan la coreografía, donde en muy poco tiempo, Tenorio narra la historia con una eficaz teatralidad, coherencia y organicidad plástica.

Elier Bourzac (Teseo), Anette Delgado (Ariadna) y Miguelángel Blanco (el minotauro) encarnaron con notables acentos y buena técnica la caracterización de sus personajes. Pero el ballet requirió, asimismo, del concurso de un cuerpo de baile masculino que supo reeditar su entrenamiento clásico con algo prístino y al mismo tiempo moderno, revelador de la mentalidad artística de una escuela presta a transitar caminos muy diversos, siempre que estos ostenten la solidez de un propósito estético oportuno.

La jornada brilló particularmente con el pas de deux de Las llamas de París, bailado con bríos por Hayna Gutiérrez y Joel Carreño, —se entregaron en cuerpo y alma, tanto en sus variaciones como en la labor de pareja—, haciendo alardes técnicos que se ganaron el aplauso más sonoro hasta ese momento. Fue una lástima que Natalia Osipova estuviera indispuesta y el anunciado pas de deux del tercer acto de Don Quijote de los integrantes del Ballet Bolshoi se transformara en un solo de la variación masculina, que aunque muy corta, despertó gran entusiasmo por parte de los espectadores quienes reconocieron, en el leve paso por la escena de Iván Vasiliev, a un singular bailarín.

El punto final del concierto estuvo a cargo de la reposición de Viaje a la luna, simpática coreografía de Alicia Alonso con música de Verdi, que tuvo en los protagónicos a Víctor Gilí, Anette Delgado, Javier Torres, Yolanda Correa, Romel Frómeta y el cuerpo de baile del BNC.

 

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