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con coreografía del español Goyo Montero sobre música y poemas,
narrados en las propias voces de Vinicius Moraes y Joaquín Sabina,
obtuvo el Premio del V Concurso Iberoamericano de Coreografía
CIC’2006, auspiciado por la SGAE, de España y el BNC, que fue
entregado en una Gala del 20 Festival, donde esta obra marcó, con su
calidad, el signo de la noche.
La
pieza es original y su autor, que tiene en sus manos un vocabulario
expresivo de alto nivel, trata, como él mismo ha expresado, de¼ bailar
la voz. Y basa su quehacer en las inflexiones de la voz que le incitan
al movimiento. Solo al final de la corta pero excelente coreografía se
escucha la música. Hablamos aquí de imaginación, de un lenguaje que
echa mano de los gestos más simples y de las más elaboradas actitudes.
Amén de que tuvo en los muy jóvenes bailarines del BNC, intérpretes
idóneos para decir desde la danza.
Abrió esta jornada Segunda Sinfonía de Johannes Brahms
(estreno en Cuba) del conocido coreógrafo Gonzalo Galguera.
Visualmente la pieza es hermosa, tanto en los decorados como en el
vestuario que aporta frescor, incluidas las tonalidades utilizadas.
Está también el empleo de los bailarines en sus posibilidades técnicas
—muy bien Yanela Piñera-Alejandro Virreyes—, y el punto de partida de
la obra es mostrar, según combinaciones diversas, los sedimentados
componentes de la técnica académica, pero el desarrollo del tema se
vierte a través de un vocabulario, por momentos repetitivo, que no
alcanza acabada definición de los caracteres puestos en juego. Momento
alto del concierto fue, sin duda, el pas de deux de El
corsario, interpretado por dos jóvenes estrellas del BNC: Anette
Delgado y Romel Frómeta, quienes subieron la temperatura del Lorca con
sus variaciones y dejaron al público deseoso de prolongar los breves
instantes de su paso por la escena, como sucedió también —desde el
flamenco, por supuesto— con la bailaora española María Juncal y sus
músicos acompañantes, que fueron una agradable sorpresa en este
Festival.
De inolvidable estampa, así puede calificarse un ballet. Prólogo
para una tragedia, del canadiense Brian McDonald con música de
Bach y diseños de Salvador Fernández, y que fuera estrenado en el 6to.
Festival Internacional de Ballet de La Habana.
Basado en la tragedia de William Shakespeare, McDonald refleja en
su coreografía la boda de Otelo —interpretado esta vez por el célebre
bailarín argentino Maximiliano Guerra— y Desdémona (Yolanda Correa),
la amistad de Cassio (Taras Domitro), quien cerrará el triángulo
amoroso, y ya desde ese prólogo las maquinaciones y bajas pasiones de
Yago (Carlos Quenedit), así como los preparativos de los festejos por
este y su esposa, Emilia (Aymara Vasallo). Si las cinco primeras
figuras entregaron por completo al público su arte depurado, el cuerpo
de baile —por instantes pareció falto del ensayo necesario, aunque es
de destacar que bailó muy duro en la larga noche—, no cabe dudas de
que completó la realización, para de esa manera hacer una puesta en
escena vistosa.