.— El presidente estadounidense,
George W. Bush, suscribirá hoy la llamada ley del muro, que da cuerpo
a la construcción de una doble valla en la frontera con México, pese a
que es rechazada por la mayoría de sus compatriotas.
Tras enconados debates en el Congreso a favor y en contra de una
reforma de las leyes migratorias, la mayoría republicana sólo alcanzó
acciones represivas contra los que entran al país de forma ilegal en
busca de trabajo.
La acción de la Casa Blanca a la vez que trata de congraciarse con
el voto conservador para los comicios del 7 de noviembre, también
puede terminar de alejar el poco apoyo de los latinos, si es que aún
existe, a la bancada republicana.
Los últimos sondeos indican que una mayoría de estadounidenses
disiente hoy de la idea oficial de construir un muro anti-inmigrante
de mil kilómetros en la frontera con México, un proyecto defendido a
ultranza por la Casa Blanca.
Un sondeo de opinión realizado recientemente por la cadena CNN,
mostró que el 74 por ciento de los consultados sugiere aumentar el
número de patrullas fronterizas en lugar de levantar la valla
metálica.
La gran mayoría de los mil 13 entrevistados votó por incrementar
las unidades de agentes supervisores e impugnó el plan del presidente
Bush de edificar la cerca fronteriza, para inhibir el ingreso de
inmigrantes ilegales en Estados Unidos.
Sólo un 45 por ciento de los ciudadanos reunidos por la encuesta se
mostró a favor del muro, mientras el 58 por ciento respaldó la
imposición de multas para empleadores que contraten migrantes
ilícitos.
A mediados de este año, el Ejecutivo norteamericano destinó mil 200
millones de dólares para el programa de seguridad fronteriza, que
incluye el levantamiento de la doble valla y el incremento de las
patrullas militares en límites jurisdiccionales.
La gobernadora de Arizona, Janet Napolitano, respaldó el
controvertido proyecto de la Oficina Oval, porque, según dijo, el
sureño Estado es la mayor puerta de entrada de los extranjeros
indocumentados.
Por otra parte, las autoridades mexicanas se disgustaron con la
medida y para una gran cantidad de personas al sur del Río Bravo, esto
es una declaración de guerra.
La construcción del muro no es nueva, lleva más de una década, casi
el mismo tiempo que la política de control migratorio, que no logró
impedir que cerca de 12 millones de personas hoy trabajen y vivan en
el país de manera ilegal.
En un reciente comentario que publicó el diario La Opinión, de
California, se cuestiona los argumentos de la Casa Blanca y de los
republicanos de proteger las fronteras del país.
El rotativo sostiene que "no se ha comprobado un solo caso de que
por México hayan entrado terroristas y los narcotraficantes hacen su
agosto en connivencia con mafias estadounidenses y la protección de
autoridades de Estados Unidos".
Para hacer más notoria la situación, el tema aparece este año de
forma prominente en al menos 14 contiendas electorales, en las que
activistas a favor o en contra de una reforma han afianzado posiciones
aparentemente irreconciliables.
La ley que firmará Bush fue repudiada por el Vaticano, el sector
empresarial estadounidenses y grupos defensores de los derechos
humanos, entre otros.
Para algunos analistas, la medida es una ratificación de que
Washington se prepara para detener la oleada migratoria que saldrá del
fracaso de los Tratados de Libre Comercio que suscribe o se prepara
para suscribir con algunos de sus vecinos del sur.