Variantes bélicas

ROLANDO PÉREZ BETANCOURT
rolando.pb@granma.cip.cu

También el cine aprende con la vida.Ni pensar a esta altura del juego en recurrir a cintas como Boinas verdes, filmada en parte en un estudio y con un John Wayne imbatible en un Viet nam cuya población recibía con cariño a los invasores.

Aunque se siguen fabricando y consumiendo por amantes de las palomitas de maíz y las emociones fuertes liberadas de cualquier razonamiento moral o político, cada vez cuesta más trabajo tragarse los héroes de cartón, incluso para los que crecieron alimentándose de ellos.

Hay que revestir de complejidades hechos y personajes, buscar que el escenario bélico se presente como la vida misma y máxime en tiempos de destapes, como el Fahrenheit 9/11, de Michael Moore.

Hace poco menos de un año se estrenó en los Estados Unidos un serial que narraba las peripecias de un pelotón de marines en el Iraq de nuestros días. Tuve la oportunidad de ver unos cuantos capítulos y de sopesar su trama hábilmente elaborada para mostrar hombres "de carne y hueso".

Entre los componentes del pelotón, en los que no faltaban los buenos casi irreprochables, pero nunca de una sola pieza, se conjugaban las personalidades más diversas y asuntos tan reales como el miedo, el exceso de alcohol, alguna que otra palabrota de connotación racista y hasta el gatillo alegre, no apretado precisamente contra el enemigo.

Tan verídico como la vida misma, pudiera pensarse.

Y sin embargo, batallas y conflictos morales de los personajes se diluían en medio de una trama de noble entrega, en la que los muchachos no se preguntaban ni una sola vez qué diablos hacían en aquellas tierras y en nombre de qué luchaban (y asesinaban). El subrayado moral al final de cada capítulo resultaba obvio para los que en casa, en estelar horario nocturno, veían el serial: gracias a soldados como aquellos, alguno imperfectos, desde luego, pero duros, jugándose el pellejo a diario frente a un enemigo taimado, América, y el mundo, respiraban más tranquilos.

Sí que aprende el cine con la vida.

Por estos días se estrena en los Estados Unidos lo que se anuncia como un original documental de una directora debutante. Aunque no se ha podido ocultar la cooperación abierta del Pentágono para la realización de The War Tapes, se le ha dado al filme la connotación de obra "libre y original", a partir de que la directora no fue al campo de batalla, sino que le dio la cámara a un sargento para que filmara durante un año (y sin dejar de combatir) las peripecias de él mismo y de dos de sus muchachos, incluida una visita a los hogares, captada con abundantes lágrimas y palabras de aliento.

"La misión del filme fue mostrar las voces de los soldados, no ofrecer un comentario político personal", comentó la realizadora Deborah Scranton.

Zack Bazzi, sin embargo, que fue el sargento de la cámara, reconoció que "la mayoría de los soldados son conservadores y están de acuerdo con la política ‘neocón’ y la estrategia de nuestro gobierno".

Eso sí, dejó claro que hay quienes como él tienen "perspectivas distintas de la guerra", pero no por ello "creo que soy mejor que ellos, ni tampoco soy más o menos patriota".

Otra vez el balance, la pretendida objetividad, la promesa de estar retratando el panorama tal cual.

No me gusta hablar de películas que no veo, pero huele a gato.

O al menos, a lo mucho que sigue aprendiendo el cine (el bueno y el manipulado) con la vida.

 

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