.— El presidente George W. Bush
reiteró hoy su defensa del criticado jefe del Pentágono, Donald
Rumsfeld, e insistió en prolongar la ocupación militar estadounidense
de Iraq por un tiempo indefinido.
En conferencia de prensa Bush dijo que la Casa Blanca reajusta
constantemente sus tácticas bélicas a medida que la insurgencia
multiplica sus acciones, porque la estabilidad del país centroasiático
influye directamente en la seguridad nacional norteamericana.
Tres cuartas partes del discurso en Washington fueron utilizadas
por el gobernante republicano para intentar calmar a los numerosos
críticos de su política exterior a dos semanas de las elecciones para
definir el control del Congreso.
Sin embargo, el mandatario tejano admitió que las últimas semanas
de la conflagración en el Medio Oriente han estado entre las más
violentas para los efectivos estadounidenses desde el inicio de la
agresión en marzo de 2003.
Las acciones de octubre han sido una gran preocupación para mí. Sé
que muchos ciudadanos tampoco están satisfechos con esa situación,
comentó Bush al inicio de su intervención ante varias decenas de
reporteros.
No obstante, el Presidente insistió en que las metas de Estados
Unidos son inmutables en Iraq, donde han muerto más de dos mil 800
militares norteamericanos en tres años.
Hasta hoy 91 soldados estadounidenses han muerto en Irak, la cifra
más alta en lo que va de año
En relación con duros señalamientos publicados contra Rumsfeld, el
Ejecutivo subrayó que se trata de un secretario de Defensa eficiente y
un buen estratega de las contiendas bélicas impulsadas por la Oficina
Oval en el Oriente Medio.
Bush aclaró que sólo incrementará el número de soldados en el
estado del golfo Pérsico como respuesta a una petición específica del
general George Casey, comandante general de las unidades del Pentágono
en ese país.
El primer mandatario recomendó, además, al gobierno iraquí
(impuesto precisamente por Washington) hacer todo lo posible para
resolver los conflictos sociales de ese país.
Sabemos que las circunstancias son adversas, y no queremos poner
más presión sobre la actual administración de la nación árabe, pero la
paciencia norteamericana no es ilimitada, acentuó Bush.