Lou Dobbs
El
índice industrial Dow Jones ha batido su récord histórico y las
empresas de Wall Street nunca habían anunciando tantos beneficios. Por
primera vez en la historia de nuestra nación, la lista Forbes de los
400 más ricos de Estados Unidos incluye solamente fortunas superiores
a los 1 000 millones de dólares. De hecho, si no se dispone más que de
1 000 millones, ya no se sale en la lista. Como grupo, estos 400 ricos
tienen una fortuna conjunta de 1,25 billones de dólares.
Así que a los ricos las cosas les van bien, pero ¿cómo le va a la
clase media?
Más estadounidenses que nunca están viviendo en la pobreza, sin
seguro médico, las viviendas y la educación pública son más caras. Los
salarios reales caen.
Los salarios reales medios de los hombres que tienen un trabajo a
jornada completa cayeron cerca del 2% el año pasado, según el Census
Bureau, mientras que los salarios reales de las mujeres trabajadoras
cayeron un 1,3%. A pesar de ello, la renta media real por hogar
alcanzó una ligera subida el pasado año, aunque esta pequeña ganancia
fue el primer aumento en la renta de los hogares desde 1999.
Pero, ¿qué es lo que mantiene a flote a nuestra clase media a la
luz de estos costes que tan rápidamente suben? Las familias
estadounidenses han estado viviendo en y de sus casas. Un tercio de
los propietarios gasta más de un 30% de su renta en el hogar, algo que
roza el filo de lo asequible. El valor medio de las casas de todo el
país subió el 32% entre el 2000 y el 2005, y los propietarios han
debido sustraer del valor del patrimonio de sus hogares para hacer
frente a las facturas, las matrículas y los costos de energía y de
sanidad.
Pero no todos son tan afortunados. El número de estadounidenses sin
cobertura sanitaria aumentó 1,3 millones el pasado año, más de 46,6
millones en total, según el Census Bureau. Y lo que es peor: más de
uno de cada 10 niños estadounidenses están ahora sin seguro. Menos
empresarios que nunca han provisto de atención médica a sus empleados
y aquellos que aún tienen la suerte suficiente para tener cobertura,
están pagando una parte mayor. La fundación familiar The Kaiser dice
que el coste del seguro médico familiar, de hecho, ha subido el 87%
desde el año 2000.
Lo mismo ocurre con los fármacos. Los precios de aquel año de las
más populares marcas de fármacos fueron bastante más altos que la tasa
de inflación anual, como ha venido repitiéndose todos los años a lo
largo de la actual década. La (importante asociación médica) AARP
concluyó que los precios de los principales 193 fármacos subieron el
6,3% en los últimos 12 meses (de junio del 2005 a junio del 2006),
mientras que la inflación subió el 3,8%. Los fármacos genéricos, sin
embargo, crecieron un 0,4% en este mismo periodo.
Los costes de la educación superior también están castigando a las
familias de clase media más que nunca. En esta sociedad, donde cada
vez es más necesaria una carrera universitaria, el coste total de las
matrículas, de las facturas, de los alquileres en los colegios
públicos y universidades se ha hinchado un 44% a lo largo de los
últimos cuatro años. Y la proporción de la renta familiar destinada a
pagar las universidades está creciendo por todas partes. El
crecimiento más grande, según el National Center for Higher Education
(Centro Nacional para la Educación Superior), fue en Ohio, donde la
Universidad ahora cuesta un 42% del presupuesto familiar medio, más
del 28% que en los primeros años de la década de los noventa.
Nuestra dependencia del petróleo extranjero está también estrujando
a los hombres y mujeres de la clase obrera. Los precios de la gasolina
han vuelto a bajar (de momento), pero muchos estadounidenses pagaron
este último verano el doble de lo que estaban habituados para conducir
sus coches. Y los precios de la gasolina ahora, aunque más bajos que
el máximo alcanzado en agosto, están aún un 60% más altos que en enero
del 2001.
Quizás una de las revistas de negocios principales de nuestra
nación debería crear algo que se llamara una lista de Forbes o Fortuna
de los 250 millones, en la cual se revelase la funesta presión
financiera que nuestras políticas públicas han producido a los hombres
y mujeres trabajadores y a sus familias. Es hora para todos nosotros
de centrar la atención en este abismo profundo que hemos permitido
abrirse entre los estadounidenses más ricos y la clase media, y de
aquellos que aspiran a serlo.
Si no, habrá 250 millones de víctimas de lo que se está
convirtiendo en nada menos que una guerra de clases.