No todos los días son de fiesta

AMADO DEL PINO

A pesar de la advertencia del título, el Festival Nacional de Teatro de Camagüey —que se encuentra en su momento de plenitud—, sigue resultando tan útil como estimulante. Lo que sucede es que no siempre el crítico encuentra, en obras de creadores talentosos y fogueados, las expectativas que lo animaban a sentarse frente al espectáculo.

Escándalo en la Trapa de Brene, por Mefisto Teatro, clasifica entre las puesta de mayor éxito de público.

Con El poder de la imagen, del conocido dramaturgo chileno Jorge Díaz, regresa al Festival el Colectivo Teatral Granma. De este grupo y su director Norberto Reyes se recuerdan delirantes y auténticas comedias que estuvieron en la programación a finales de los ochenta. Ahora mi principal reparo se ubica precisamente en que Reyes se aleje de aquella línea costumbrista y desenfadada a la vez para traernos un texto bien escrito, elaborado a partir de contrastes inteligentes, pero que a nuestro público le resulta lejano y artificioso.

Por lo demás, el montaje mantiene el tono de farsa política con corrección y hasta ingenio en algunas soluciones. Pero se convierte en demasiado circular, algo estático, previsible. El elenco da pruebas de buenas voces y chispazos de carisma, solo que transita los caminos hacia la caricatura de forma similar y poco creativa.

En cuanto a Tigre, del Teatro de la Fortaleza, de Cienfuegos, se torna orgánico que un escritor de la exquisitez de Atilio Caballero acuda a la narrativa de William Saroyan en busca de motivaciones y resonancias. Desafortunadamente ni la literatura resplandece, por falta de virtuosismo de los intérpretes, ni el lenguaje de las imágenes —a pesar de algunos objetos bien ubicados y escenas elaboradas con gracia— consigue la trascendencia y vocación filosófica que tímidamente se persigue a lo largo de la puesta. La música en vivo, aunque es un logro por su autenticidad, pudo vincularse más con la poética en la creación de los personajes.

La presencia en Camagüey del Guiñol de Remedios resulta especialmente estimulante. En la edición anterior Una manzana fuera de cuento, también del experimentado dramaturgo y director Fidel Galbán, se convirtió en uno de los grandes acontecimientos de la cita. De caramelo es más humilde en su estructura, está más cerca del espectáculo de variedades que de toda una comedia musical para niños. Sin embargo, persiste la gracia de Galbán para los diálogos en versos, la sabia colocación de las canciones como parte de una estructura dramática, esta vez simple pero eficaz. El juego escénico se basa ahora más en el autor en vivo. Echo de menos el despliegue de los muñecos, de los que este grupo también ha hecho gala en otras ocasiones, y a pesar de que Jorge Luis Rojas, Yeisy Pérez y el resto del elenco muestran su peculiar oficio y simpatía, la composición del espectáculo pudo aspirar a más sin renunciar a su ligereza.

Entre las obras procedentes de la capital, han resultado rotundos éxitos de público y entre los comentarios de los especialistas, Stockman, un enemigo del pueblo, de Argos Teatro; Charenton, de Teatro Buendía; y Escándalo en la trapa, de Mefisto Teatro.

 

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