La barbarie sigue vigente

El asesinato hace 45 años del trabajador Rubén López Sabariego, en el interior de la base naval estadounidense enclavada ilegalmente en la bahía de Guantánamo, constituyó otra indignante agresión del imperialismo yanki al pueblo cubano.

Había sido detenido el 30 de septiembre de 1961 por militares de la base. De inmediato su esposa hizo la denuncia y diariamente iba a la puerta del enclave para exigir la libertad de Rubén, cuya detención negaban las autoridades imperiales.

El 19 de octubre de 1961, a más de medio mes del arresto del humilde chofer, que laboraba en el enclave yanki, la agencia noticiosa UPI dio a conocer el hallazgo del cadáver de un obrero, "en una fosa de poca profundidad" del territorio ocupado por la Base, y lo identificó como el cubano Rubén López Sabariego.

Ante la insistencia de su esposa se logró que el 21 de octubre fuera entregado el cadáver por la puerta de la instalación militar, momento en que ella devolvió al capellán de aquel lugar los 50 dólares que le daban como supuesta "ayuda", o "compensación" por el daño causado.

Forenses cubanos, al examinar el cuerpo sin vida de Rubén, comprobaron huellas de tortura, fracturas en el cráneo, el pómulo derecho y el costillar izquierdo; estas últimas, causantes de una lesión en el corazón que le ocasionó la muerte.

El cadáver presentaba también una herida de bayoneta en el abdomen, fractura de una pierna ocasionada por patadas, huellas de culatazos y otras lesiones. La muerte, según los médicos cubanos, tuvo lugar entre el 13 y el 14 de octubre.

Un gran sentimiento de duelo e indignación sobrevino en todo el país al conocerse el vandálico hecho. En Guantánamo una multitud conmovida acompañó el cuerpo desde la puerta de la base, en Boquerón, Caimanera, hasta la ciudad capital, donde fue tendido en el local de la CTC, y allí recibió los honores del pueblo.

El sepelio fue uno de los más nutridos que se recuerdan en Guantánamo, así como la enardecida despedida de duelo, a la entrada del cementerio de San Rafael, por el entonces Comandante Raúl Castro Ruz, quien acusó y condenó al imperialismo yanki por el abominable crimen.

El asesinato de Rubén López Sabariego por militares de la Base Naval, hace 45 años, corrobora el desprecio del imperio por la vida y los sentimientos de la nación cubana.

El crimen reafirma también que las torturas (aplicadas hoy en la Base a prisioneros de numerosos países) han sido práctica habitual durante décadas en el engendro militar que el gobierno de Estados Unidos mantiene en Guantánamo desde hace más de un siglo, contra la voluntad de los cubanos.

 

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