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General de División Samuel Rodiles Planas
El abrazo a los caídos
Durante la Guerra de Liberación toda la familia
Rodiles tuvo que coger el camino de las montañas. En Guantánamo, su
ciudad natal, era ampliamente conocido su enfrentamiento a la
dictadura batistiana. Samuel, es hoy General de División de las
Fuerzas Armadas Revolucionarias. La trayectoria de Samuel Rodiles
Planas ha sido la característica de muchos jefes de las FAR que
iniciaron su vida militar en la guerrilla. Después de Girón en 1961,
cursa el Primer Curso de Jefes de Unidades, más tarde, en 1964, el
Primer Curso Básico Superior y en 1969 concluyó el Curso Académico
Superior. Junto a todo ello, ha estado la constante superación
cultural. En 1978, por ejemplo, terminó la Licenciatura en Ciencias
Sociales. El General Rodiles ha desempeñado, igualmente, numerosas
responsabilidades militares: Jefe de División de Infantería, UM 1270,
Jefe del Estado Mayor del Cuerpo Blindado, Jefe del Ejército
Occidental, Jefe de la Secretaría del Ministro de las FAR y Jefe del
Órgano de Inspección de las Fuerzas Armadas. Persona aparentemente
tímida, el Héroe de la República de Cuba Samuel Rodiles Planas cuando
toma confianza se convierte en un agradable interlocutor. Así ocurrió
en esta entrevista en la que me narró pormenores interesantes de su
lucha y quehacer revolucionarios.
LUIS BAEZ
—¿De dónde es usted?
—Nací en Caimanera y al año nos mudamos para Guantánamo. Somos
siete hermanos: cuatro varones y tres hembras (2 fallecidas). Recuerdo
que Toñito (el mayor de los varones) fue el primero que me indujo a
las actividades estudiantiles, revolucionarias. Él originó en la
familia la corriente de lucha contra las injusticias.
Fidel
hace entrega a Rodiles de las charreteras de General de División en el
solemne acto de ascenso frente a otros compañeros de lucha.
Mi padre nació en Guantánamo. Siempre cooperaba con el Movimiento.
Por ser el padre de los Rodiles lo perseguían. Estuvo preso dos veces.
Trabajaba en la Base Naval y un día cuando regresaba en su moto por la
carretera de Boquerón a Guantánamo, un carro con varios batistianos al
reconocerlo lo chocaron, dejándolo por muerto en la cuneta. Al poco
rato unos civiles al verlo sin conocimiento pero aún con vida, lo
recogen y llevan para la Clínica de Paseo y Oriente en Guantánamo, al
enterarse mi hermana Elia, enseguida fue a verlo. Siempre él decía que
si caíamos presos y nos soltaban, tomáramos un fusil y nos alzáramos.
Mi madre nació en Manzanillo. Ayudaba mucho al Movimiento, recogía
medicinas, vendía bonos, ayudaba a compañeros a trasladarse de un
lugar a otro, etc. Cayó presa en dos ocasiones (en una llevaba por
todo su cuerpo medicinas, bonos, propagandas, etc.); cuando llegó al
cuartel de la Marina, estaba el Sargento Mayor Federico Colarte (Fico)
que era el Segundo Jefe, tenía 2 hijos en el Movimiento y simpatizaba
con ellos. Se acerca a ella y le dice: "vieja mandaron a buscar a una
mujer para registrarla, entrégueme todo para que no le cojan nada" y
la salvó en esa ocasión.
Durante la clandestinidad todos cumplimos las misiones que nos
planteara el Movimiento. Mi casa llegó a estar "quemada", fue
registrada en varias ocasiones y llegó el momento en que a todo el que
llegaba lo cogían preso; solo Elvira Guerra nos visitaba (era
compañera de mi hermana Ñiquita en la Escuela del Hogar). Para colmo
vivíamos frente al Capitán Basto Jefe de la Policía.
Mis 3 hermanas, Elia, Antonia y Noemí tuvieron una permanente,
importante y activa participación en la clandestinidad, suministraban
de todo al Segundo Frente Oriental Frank País, iban a la Base Naval a
sacar medicinas, armas, municiones, explosivos, en fin lo que pudiera
ayudar al 26 de Julio. Esta eficiente labor fue reconocida en la
Credencial emitida el 21 de septiembre de 1958 por el Comandante Raúl
Castro Ruz Jefe del Frente.
—¿Cuántos hermanos se alzaron?
—La familia entera tuvo que alzarse, incluyendo a mis padres. Fui
el primero en irme para las montañas.
—¿Permanecen en las FAR?
—El único que queda soy yo y mi hija que es Teniente Coronel,
profesora de la Academia de las Fuerzas Armadas Revolucionarias
General Máximo Gómez. Todos los demás están en la vida civil.
—¿Dónde estudió?
—En el Colegio Sarah Ashhurst, conocido como Colegio Americano de
Guantánamo, hoy Escuela Rafael Orejón Forment, en Máximo Gómez No.
857. Era algo inquieto. Después de algunas broncas con otros alumnos
me llevaron a la Dirección y expulsaron de la escuela. Tuvo que ir mi
papá a hablar con la directora (señorita Eleanor L. Clancy) y al
comprometerme a portarme bien, ella aceptó como última oportunidad.
Mi preparatoria para el examen de ingreso al Instituto de Segunda
Enseñanza la realicé en la Academia Isaac Puentes Zúñiga, el cual
aprobé.
Hasta el cuarto año el primer expediente lo teníamos: por las
hembras, Ana Gloria Preval, negra, muy buena estudiante y por los
varones, yo.
Participé en los Primeros Juegos Nacionales Estudiantiles, por el
Instituto de Guantánamo en Santiago de Cuba, obtuve 4 primeros lugares
en campo y pista, después representando a la provincia de Oriente,
competimos en La Habana (Estadio Universitario), obtuve medalla de
Plata en Lanzamiento de la Jabalina, este resultado lo publicó el
periódico El Mundo.
Trabajé en las oficinas de la Compañía Cubana de Electricidad. Mis
deseos eran ser ingeniero eléctrico igual que mi padre.
Estando en el cuarto año de bachillerato fui elegido vicepresidente
de la Asociación de Estudiantes y, posteriormente, presidente, al
abandonar la lucha el compañero que había sido escogido para ese
cargo.
Me fui a una huelga con varios estudiantes y nos expulsaron de por
vida del Instituto. Era finales de enero de 1952. Gobernaba el país
Carlos Prío Socarrás.
—¿Dónde lo sorprendió el Golpe del 10 de marzo?
—En La Habana, esperando la FEU y yo la respuesta del Ministro de
Educación para anular nuestra expulsión. Estaba alojado en la casa de
huéspedes donde vivía Aldo Rodríguez Camps.
—¿Qué hizo?
—Varias veces, en unión de otros estudiantes, me presenté en la
Universidad. Al ver que no se hacía nada contra Fulgencio Batista,
decidí regresar a Oriente.
—¿A qué se dedicó?
—Un tío mío que era profesor del Instituto de Santiago de Cuba me
dijo que la expulsión sólo era válida para Guantánamo. Me matriculé en
Santiago de Cuba y terminé el cuarto y quinto años, excepto una
asignatura que aprobé posteriormente en 1960 en el Instituto de La
Habana.
—¿Cuándo comenzó sus actividades revolucionarias?
—A raíz del Golpe de Estado y viviendo en Santiago de Cuba con mi
hermano Toñito, hice mis primeras actividades revolucionarias,
trasladando una ametralladora de mano y una pistola para entregarla a
un compañero.
Ya en Guantánamo antes de ingresar al Movimiento 26 de Julio
repartí propaganda clandestina y participé en mítines con fines
revolucionarios que se efectuaban en el parque Martí. En 1955 por
intermedio de Enrique Soto Gómez, Primer Coordinador del 26 de Julio
en Guantánamo, ingresé al Movimiento.
Cooperé con dinero, compré una escopeta automática y la doné, vendí
bonos, repartí bombas, granadas, propaganda, etc.
En casa de mi hermana Ñiquita y de mi cuñado Guillermo García
Bendicho fabricamos cientos de cascos de granada de mano, tipo "piña
americana", ideadas por Leonides Velásquez más conocido por el Indio
Gerónimo.
Todo eso junto con otros armamentos, explosivos y municiones lo
guardábamos
en el hogar de mi hermana antes mencionada y en la panadería del
padre de mi cuñado. Ya en esos momentos formaba parte de la dirección
del Movimiento.
—¿Quiénes integraban esa dirección?
—Enrique Soto (Coordinador), Julio Camacho (Jefe de Acción y
Sabotaje) con Demetrio Montseny (Villa) de Segundo, Octavio Louit
(responsable del Frente Obrero), seguido por Ñico Torres. También Soto
estaba al frente de Propaganda y yo de Segundo.
—¿Se mantuvo mucho tiempo en esa responsabilidad?
—No. Posteriormente pasé para Acción y Sabotaje, me nombraron jefe
de una célula integrada por 10 compañeros. Mi nombre de guerra era
Príquiti.
Comenzamos a dar clases teóricas y prácticas de pistola, revólver,
fusiles Springfield, Winchester y otros armamentos.
Practicábamos en un monte cercano a Imías, y en la finca de los
Bertrán en Guantánamo. También intervine en el traslado de armas,
municiones, petardos, bombas de fabricación casera, uniformes, etc.
Según un método ideado por mi padre, construimos alcayatas, las que
entregábamos al Movimiento, a la vez que también las regábamos en las
calles y carreteras, pues como quiera que cayeran, provocaban el
ponche en las gomas. En varias ocasiones él participó con nosotros.
El 30 de noviembre de 1956 me acuartelé en una casa al sur de
Guantánamo adonde nos llevarían unas escopetas con cartuchos para
asaltar la estación de policía en apoyo al desembarco del Granma. No
pudimos efectuar la acción debido a que los cartuchos, donde estaban
guardados la humedad los hinchó y no entraban en la recámara de la
escopeta. Después me trasladé hacia Santiago de Cuba.
—¿Con qué objetivo?
—Para tratar de ver a Frank País.
—¿Lo logró?
—Sí. Primero fui a hablar con su madre Doña Rosario. Ella me mandó
a una casa y que dijera que iba de parte de Duque. De esa me mandaron
a otra. Pienso que era la de Vilma Espín. Ahí me reuní con Frank.
—¿De qué hablaron?
—Me narró cómo había ocurrido la acción de Santiago y le manifesté
mis deseos de irme para la Sierra.
Me explicó que la mejor ayuda a Fidel en esos momentos era luchar
en las ciudades para impedir que el Ejército concentrara todas sus
fuerzas contra la Sierra Maestra y enviarles suministros, por lo que
continué en Guantánamo.
—¿En qué acciones participó?
—En esos momentos Villa era el Jefe de Acción y Sabotaje. Yo estaba
como Segundo. Camacho y Soto habían pasado a la clandestinidad.
En una ocasión en que Rolando Masferrer visitó la ciudad para dar
un mitin en la emisora CMKS, se me dio la misión de tirarle dos
granadas. Lo hice, pero aunque no explotaron, el objetivo en parte se
logró, pues al caer y verlas en el piso, se formó el corre-corre y se
acabó el mitin. Esto fue presenciado por el locutor Panchín Lescaille
y el operador Julio Cardet. Esa noche, mi hermano Toñito sentado en el
portal de la casa a una cuadra de la emisora, vio salir varios autos a
gran velocidad. La posible causa por la cual no explotaron, según me
informaron posteriormente Amancio Floreán y Gustavo Fraga, es que
estaban guardadas en un refrigerador o congelador.
También provocamos algunos apagones mediante el empleo de una
cadena gruesa, que unida a una soga, lanzábamos contra el tendido de
alta tensión a la salida para Tiguabos.
En unión de varios compañeros puse petardos y bombas, la más
importante fue en la Compañía Cubana de Electricidad, la que dirigí
como Segundo Jefe de Acción y Sabotaje en Guantánamo. También tiré
cócteles Molotov, pinté paredes con las siglas del M-26-7, participé
en la quema de cañas y otras.
En agosto de 1957, al caer preso Villa, me nombran Jefe de Acción y
Sabotaje. Planifiqué atentados contra varios traidores y chivatos.
Algunos fueron realizados con éxitos, como el ejecutado por Mario
Revelo y José Salgado (Tato) en octubre al "Gallego Morán", deleznable
y vil traidor que abandonó la Sierra Maestra y se unió al enemigo
sirviéndole de chivato.
Además de continuar las acciones de todo tipo en la ciudad,
coordinábamos (en la casa de Cachita Pérez, Martí y 7 Sur-Guantánamo)
con Wicho Herrera (Jefe del Grupo que tenía su campamento en Sierra
Canasta) y José Durán (Zapata), los sabotajes al tendido eléctrico y
telefónico, quemas de cañas, ajusticiar a chivatos que causaron muerte
a revolucionarios, así como otras acciones.
A finales de noviembre fui detenido por delación de José El
Mochito, era del Movimiento, pero degeneró en ladrón y junto con otro
asaltaron el pago de la Compañía Eléctrica, los capturaron y en el
interrogatorio le preguntan si me conocía (pues yo trabajaba en la
Compañía), respondiendo que sí y que era Jefe del 26 de Julio. Los
guardias van al trabajo y me detienen. Al montarme en el asiento
trasero del jeep (sin capota) había una pistola, la cual ignoro, pues
me doy cuenta de que era una trampa y es cuando uno de ellos en voz
alta y descompuesta dice: "carajo, dejaron una pistola en el asiento",
e inmediatamente la agarró.
En el cuartel me encierran en el calabozo junto a los asaltantes.
Al quedarnos solos, El Mochito se justifica diciendo que pensaba que
yo estaba alzado y por eso me mencionó, a lo cual inmediatamente el
otro asaltante (joven) le respondió: "Oye José, si tú delatas a este
revolucionario, yo te mato, nosotros seremos ladrones, pero no
chivatos".
—¿Estuvo mucho tiempo preso?
—Más de un mes. Después de diversos interrogatorios me trasladaron
(caminando) con las esposas puestas y escoltado por una pareja de
guardias, del Cuartel hasta el Paradero de Guaguas (Prado y Pedro A.
Pérez), desde ahí para el Vivac de Santiago de Cuba. Me acusaron de
ser el autor intelectual de todos los asaltos y robos en Guantánamo
con fines para el Movimiento 26 de Julio. Bajo fianza me pusieron en
libertad provisional.
—¿Regresó a Guantánamo?
—No. En enero de 1958 el compañero René Ramos Latour (Daniel) me
propuso que fuera Jefe de Acción y Sabotaje de la provincia de
Matanzas, por la situación que existía después del Goicuría, pero al
comunicárselo a Villa, este me informó su decisión de alzarse en la
Sierra Cristal y me fui con él previo acuerdo con Daniel.
—¿Para cuál zona?
—A Mayarí Abajo. Nos trasladamos en pequeños grupos que los recibía
Fredy Ramos Latour (hermano de Daniel).
—¿Realizaron alguna acción?
—Antes del asalto a Nicaro, Villa me nombra Segundo Jefe del Grupo.
Atacamos la noche del 23 de febrero de 1958, iba de Jefe del primer
carro, tomamos la posta, amarramos a los dos guardias jurados,
ocupamos el fusil Garand y sus armas cortas, posteriormente entró
Villa con el resto del grupo. Después nos internamos en las montañas.
A los pocos días, Villa decidió marchar rumbo a Bayate donde tenía
algunos contactos.
—¿Qué tiempo permanecieron?
—Hasta que llegó Raúl Castro, quien nos mandó a buscar a casa del
viejo Regueiro.
—¿Qué ocurrió en ese encuentro?
—Raúl me ratificó el grado de oficial y seguí como Segundo Jefe de
Pelotón con Villa, pero ahora incorporados a la Compañía B Juan Manuel
Ameijeiras perteneciente a la Columna 6 Frank País; al frente de la
Compañía estaba Efigenio Ameijeiras.
Junto
al Ministro de las FAR en la entrega del diploma por el aniversario 25
de la creación de la Secretaría.
Bajo el mando de Raúl participé en el primer ataque al cuartel de
Soledad. Los hombres de Reynerio Jiménez, atacaron por el frente, Raúl
por el flanco derecho, Villa por el izquierdo y yo por la caballeza.
Durante el ataque observé que Raúl en varios momentos salía de su
posición de combate y se acercaba aún más al Cuartel abriendo fuego.
Con toda responsabilidad digo que se arriesgaba demasiado.
Los "casquitos" hicieron una tenaz resistencia. Finalmente no
pudimos tomar el cuartel. El combate duró hasta el amanecer.
Días después un grupo de oficiales suscribimos un documento en el
que le planteamos a Raúl que no debía continuar arriesgando su vida en
ese tipo de acciones.
También fui responsable de la Intendencia de la Columna 6 y
participé en los tribunales para juzgar a los bandidos, chivatos y
demás maleantes.
Igualmente me encargaron de la recaudación de impuestos a los
terratenientes y principales comerciantes de la zona.
Después de participar (como Jefe del grupo de refuerzo de la Tropa
de Choque de la Columna 6) en el combate de la Loma de la Victoria (La
Mariposa), el Comandante Raúl Castro me asciende a Capitán el 31 de
julio, nombrándome Segundo Jefe de la Columna 6 Juan Manuel Ameijeiras.
Participé en numerosos combates: La Lima, Moa (primer ataque), La
Mariposa, los dos ataques a Nicaro, la emboscada y toma de dos trenes
militares en la curva de Tiguabos, a los cuarteles de Soledad, Ermita,
Imías, San Vicente, emboscada del Firme de CMQ y la Microonda, Puerto
de Boniato, La Maya y otros.
En el segundo ataque a Soledad antes de comenzar el combate, entré
dos veces al cuartel a pedirles a los guardias que evitaran
derramamientos de sangre y se rindieran, cosa que no aceptaron.
Combatimos durante toda la noche y en horas de la mañana se rindieron.
Para garantizar la toma de Caimanera dirigí la emboscada en Mata
Abajo (Canabacoa).
En diciembre de 1958 el Comandante en Jefe me asciende a Comandante
del Ejército Rebelde. Al mismo tiempo me comunicó Efigenio que en
conversación con Fidel y Raúl nos asignarían unos doscientos hombres
para organizar dos Columnas, juntos marchar a Occidente y apoyar a
Camilo y Che. Eso no fue necesario por el desplome de la dictadura.
—¿Dónde lo sorprendió el triunfo revolucionario?
—Bordeando a Guantánamo. La orden que nos dio Raúl fue la de tomar
dicha ciudad. Intervengo en la toma del aeropuerto, el cuartel y el
Instituto.
Las tropas de la dictadura estaban bajo las órdenes del teniente
coronel Arcadio Casillas. Logramos capturarlo. Se le juzgó y fue
condenado a muerte al igual que otros esbirros. Tuve a mi cargo las
conclusiones del juicio.
Se probó hasta la saciedad, con el pueblo presente, la culpabilidad
de los acusados. Incluso, recuerdo un policía que era muy decente,
educado, y descubrimos que tenía siete muertos. Realmente aquellos que
se merecieron el fusilamiento fueron los ejecutados.
—¿Cómo supo que venía para La Habana?
—El Comandante Raúl Castro le comunicó a Efigenio que por
instrucciones de Fidel había sido nombrado Jefe de la Policía Nacional
Revolucionaria.
Como teníamos tanqueta y otros armamentos decidimos transportar la
columna por tierra, pero antes de llegar a Camagüey se fundió el motor
de la tanqueta y se decidió que viniéramos en aviones.
En el primer vuelo viajó Efigenio y en el último yo, como Segundo
Jefe de la Columna 6.
—¿Qué día entraron en la capital?
—Alrededor del 6 de enero.
—¿Traían alguna orden específica?
—Garantizar la entrada de Fidel. Ya habían llegado el Che y Camilo
Cienfuegos.
—¿Qué se encontraron?
—Mucha confusión, anarquía entre los propios grupos
revolucionarios. Todos estaban armados.
Nos dimos a la tarea de desarmarlos, a que entendieran la necesidad
de organizarse, disciplinarse.
Frente al hotel Deauville había un grupo de compañeros que tenían
hasta granadas. Le explicamos la necesidad de ir a la jefatura a ver a
Efigenio, pero no entendían.
Cuando la situación se ponía tensa, nosotros teníamos una señal
convenida e inmediatamente eran rodeados por nuestra tropa. Tuvimos
que andar rápido pues había uno que poseía una ametralladora que se
negaba a entregarla y tuvimos que quitársela. Por segundos, no se
produjo una matanza.
—¿Qué cargo le dieron?
—Jefe de la Radiomotorizada. Posteriormente me hicieron Inspector
General y Segundo Jefe de la PNR. También fui Supervisor del Buró de
Investigaciones. Ahí se produjeron problemas muy serios y tuvimos que
andar con mano fuerte. Después Jefe del DTI. En noviembre de
1959 me nombran Jefe de Departamento de Inspección del MINFAR
(Ejército, Policía y Marina).
—¿Cómo se produjo la participación de la Policía en Girón?
—El quince de abril, el Comandante en Jefe nos mandó a buscar a
Efigenio y a mí al Punto 1, que estaba en Nuevo Vedado. Nos dio
instrucciones de garantizar el orden y neutralizar junto con la
Seguridad a los elementos contrarrevolucionarios si se producía una
invasión.
El día dieciocho muy temprano Fidel nos mandó a buscar nuevamente.
Le explicó a Efigenio que el Batallón de la Policía tenía que ir hacia
Girón.
—¿Con qué misión?
—Impedir que los mercenarios que estaban en Girón fueran de
refuerzo a Playa Larga y los que estaban en Playa Larga no se pudieran
retirar para Girón.
Nos planteó que de esa manera el enemigo se sentiría dividido e
inseguro porque al tener la fuerza revolucionaria en su retaguardia,
eso lo iba a desconcertar e impediría la cooperación entre ellos.
Por instrucciones de Fidel se nos subordinó la Compañía de Bazookas
de la guarnición del Instituto Nacional de la Reforma Agraria (INRA) y
la Compañía Ligera de Combate del Batallón 116 de las Milicias.
La orden que nos dio Efigenio fue de dejar el armamento pesado en
"El Esperón" (oeste de la capital, campamento del Batallón al regresar
de luchar contra los alzados en las Villas y Matanzas) y llevar
subametralladoras, fusiles. Rápidamente se organizó el Batallón y se
envió adelante la Compañía Ligera de Combate dividida en dos al mando
de los Capitanes Luis Artemio Carbó y José Sandino, respectivamente.
La de Bazookas se nos incorporó en Jovellanos.
—¿Qué situación se encontró al llegar al central Australia?
—Al arribar al central Australia nos recibió Efigenio e informó que
ya Playa Larga estaba en nuestras manos, que la misión había cambiado
y que hiciera contacto con el Capitán José Ramón Fernández quien nos
daría instrucciones.
—Fernández, ¿qué instrucciones le dio?
—Al llegar a Playa Larga envío al Capitán Marcelino Sánchez a
localizar a Fernández, contactó con él en la cabaña donde descansaba.
Fernández nos orientó avanzar rumbo a Girón. En primer lugar irían los
tanques, detrás una unidad del Ejército Rebelde y después nosotros.
Que encontraríamos a un oficial (no recuerdo su nombre) el cual nos
indicaría el lugar.
Hicimos noche en Punta Perdices. Antes del amanecer Efigenio me
nombró Jefe del Batallón y me impartió instrucciones de que avanzara,
quedando Marcelino Sánchez, como Segundo Jefe.
Empezamos a movernos. Nos cogió el amanecer. No encontramos al
oficial. Fuimos desplazándonos hasta que tropezamos con los
mercenarios.
Los primeros muertos y heridos fueron compañeros de la Compañía de
Milicias que nos subordinaron. Como desconocían el terreno cayeron en
una emboscada, en la tercera curva de la carretera, antes de llegar a
Girón. Allí combatieron por nuestra Revolución Socialista, tres
generaciones, ejemplo de ello (aunque son muchos), deseo mencionar a:
Benjamín Moreno García de 15 años, José Manuel Lazo de la Vega
Quintana de 41 y Juan Ruiz Serna de 60, caídos aquel 19 de abril.
— Nuestro combatientes lucharon con tremenda valentía
—Tremenda valentía. No se me olvidará Fernando Aceña, quien fuera
funcionario del INDER, que me lo encontré después de un intenso
combate y me narró que tuvo que protegerse detrás de una roca, pues
había quedado entre dos fuegos. Estaba vivo de milagro.
La valentía, dinamismo y vigor del Capitán Carbó resultaron
ejemplar. Realmente es un héroe. Avanzaba y exhortaba a los demás a
caminar junto a él hasta que cayó herido mortalmente.
Siempre recuerdo un muchacho de diecinueve años, Wilfredo Gonce,
Sargento de la Policía, que fue víctima de un proyectil. Murió antes
de poder ser atendido.
Al igual que Rafael Ángel Carini que ni pertenecía al Batallón, era
del Departamento Técnico de Investigaciones y pidió ir a combatir. A
mucha insistencia lo dejamos incorporarse. Peleó valientemente. Fue de
los primeros en caer.
Los combatientes de la Policía y el Batallón 116 de las Milicias
tuvieron treinta y ocho bajas y cerca de cien resultaron heridos. Como
consecuencia de varios cañonazos contra nuestra primera posición,
resulté herido en el cuello por fragmentos.
—¿En qué momento entraron a Girón?
—Al atardecer del día diecinueve. Fuimos los primeros combatientes
en entrar a Girón. En esos momentos los mercenarios se encontraban en
desbandada.
Ya de noche me informaron que en dirección de norte a sur, venía un
tanque a toda velocidad encendiendo y apagando las luces. Aquello me
llamó la atención. Ordené que trataran de comunicarse con su
conductor. Lo logramos. Me llevé una gran sorpresa al conocer que era
el Capitán Joel Pardo Guerra.
Al llegar le dije: "Tú estás loco, cómo has hecho eso, sin saber si
aún los mercenarios habían abandonado Girón". Entonces me respondió:
"Fidel me dio la orden de que no parara hasta llegar a la playa y de
ahí tirara hacia arriba con proyectiles y balas trazadoras como señal
de que había llegado al objetivo". Le dije: "Bueno, vamos a cumplir la
misión".
También nos dijo: "Fidel está en San Blas", fue entonces que los
compañeros Fernández, Flavio Bravo y René Rodríguez me plantean ir a
informar al Comandante que ya estábamos en Girón, les respondí: que
tenía la responsabilidad del Batallón PNR y que ya Efigenio salió
hacia el central Australia para llamar a Fidel. Apenas unos minutos al
salir los compañeros, sentimos un estruendo parecido al vuelco de un
vehículo, envié a ver lo sucedido, eran ellos que al caer el carro en
un cráter producido por una bomba de aviación resultaron heridos,
incluso rota la pierna de René e inmediatamente ordené su traslado al
puesto médico. El lugar del accidente fue cerca de la pista de
aterrizaje en Playa Girón.
Al poco rato arribó el Comandante en Jefe. Venía montado en un
tanque. Nuestra artillería seguía cañoneando Girón.
—¿Qué hizo Fidel?
—Impartió algunas órdenes. Redactó el parte donde anunciaba al
mundo la victoria sobre la invasión mercenaria. Recorrió varios
lugares y mandó a decirle a Pedrito Miret que dejaran de tirar.
Después se dirigió al muelle, desde donde se veían dos barcos de
guerra norteamericanos, que durante todo el día estaban frente a Playa
Girón.
Fidel empezó a encender y a apagar las luces de una linterna. Me
quedé pensativo y me dije: "Usted veráÁ"
Le pregunté por qué hacía eso y me contestó: "Para ver si se
equivocan, creen que son los mercenarios, los vienen a rescatar y le
caemos a cañonazos". Me sorprendí y medité: "Con todo lo que ha pasado
y este hombre quiere seguir buscando bronca".
El
General Samuel Rodiles Plana despliega en señal de victoria la Enseña
Nacional, al ser el último combatiente internacionalista cubano en
abordar el avión donde retornaría a la Patria y que dio por concluida
la misión en Angola.
En Girón se demostró una vez más la visión de Fidel. Le cayó encima
al enemigo en todas las direcciones, con todos los hierros, no los
dejó tranquilos ni un minuto para impedir que lograran una cabeza de
playa.
He tenido la suerte de vivir momentos trascendentales de nuestra
Revolución: Clandestinidad, Guerra de Liberación, Lucha Contra
Bandidos, Girón, Crisis de Octubre y Angola.
—Angola, ¿qué significó para usted?
—Una experiencia inolvidable. Estuve en tres ocasiones. La primera
en 1977 en el Sur. Me impresioné tremendamente cuando me encontré con
una tribu nómada. Estaban cocinando hierbas y raíces.
Vi mujeres que no tenían más de treinta años y parecían viejas de
sesenta. Estaban desnudas. Apenas con una mínima prenda. Eran madres
con varios niños. Me golpeó el hambre. Una miseria increíble.
Mediante un angolano que nos sirvió de intérprete, hablé con ellas.
Esto ocurría no solo en el Sur sino en muchas partes de Angola.
Empezamos a trabajar con nuestras tropas. Los combatientes crearon
la base material de estudio para dar preparación combativa con escasos
recursos. Logramos llevar adelante la instrucción en unas condiciones
muy pobres. La zona era desértica. En gran cantidad de territorio no
existía ningún tipo de construcción. En este viaje no permanecí mucho
tiempo.
En los primeros meses de 1978, siendo Jefe de la Dirección de
Preparación Combativa del MINFAR, estuvimos en Etiopía organizando la
preparación de las tropas en todas nuestras unidades. Después, en este
año, regresé a Angola como Segundo Jefe de la Misión hasta 1980.
También estuve en Punta Negra, en el Congo.
Realmente las tropas tuvieron algunas acciones, pero no de gran
envergadura.
—¿Cuándo realizó la última misión?
—En 1987. Participé en las distintas actividades de nuestras tropas
en el Sur. En esos momentos ejercía de Jefe del Estado Mayor de la
Misión. Recorrí todos los lugares donde se encontraban nuestros
combatientes.
Fueron muchos los actos de heroísmo. No puedo olvidar a los
pilotos, tanquistas, zapadores, artilleros, infantería que,
conjuntamente con los angolanos, libraron los combates que nos
llevaron a la victoria.
—¿Mantenía contacto con Fidel?
—Constantemente. Hablábamos dos veces en el día. Una por la tarde y
la otra por la noche. En una de las conversaciones me hizo más de
veinte preguntas, inclusive, se interesó en conocer si había llovido
en Cuito Cuanavale. Tenía dominio exacto de todo lo que ocurría en
Angola, al igual que Raúl, con el que hablé en varias ocasiones.
En 1989 el hoy General de Cuerpo de Ejército Leopoldo Cintra (Polo)
regresó a Cuba para hacerse cargo de la Jefatura del Ejército
Occidental. Antes de viajar a La Habana fuimos a ver al Presidente
José Eduardo Dos Santos. Le entregamos una carta del Comandante en
Jefe, en la que se le informaba el cambio en la Jefatura de la Misión.
—¿Cuándo salieron las últimas tropas cubanas de Angola?
— El veinticinco de mayo de 1991. Recibí instrucciones del Ministro
de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de regresar en ese vuelo y de
ser el último en montar.
También me dijo que cogiera la bandera cubana con energía, vigor y
en gesto de triunfo la hiciera ondear varias veces en la escalerilla
del avión antes de entrar. La moví con fuerza. Eso constituye para mí
un gran orgullo.
En la pista del aeropuerto de Luanda se encontraba el Presidente
Dos Santos, que había ido a despedirnos junto a otras autoridades y
jefes principales de las FAPLA, aplaudían efusivamente. Son momentos
inolvidables.
A La Habana llegamos de noche. Fui el último en bajar. En el
aeropuerto se encontraban Fidel y Raúl. Cuando llegué frente al
Comandante en Jefe le rendí el parte, en el que le expresaba: "Las
Tropas Cubanas participantes en la Misión Internacionalista en Angola
regresan victoriosas a la Patria". Me costó trabajo hablar. Las
palabras no me salían.
Le extendí la mano a Fidel y me dijo: "Ven". Me dio un fuerte
abrazo. Sentí que era el abrazo a todos los que habían combatido en
Angola y a los que habían caído honrosamente cumpliendo su misión
internacionalista. |