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Alto oficial británico por retirada de tropas de Iraq

LONDRES, 13 de octubre (PL). — En evidente desafío al gobierno laborista y a Estados Unidos, el jefe del ejército británico, el general Richard Dannatt, armó tremendo revuelo hoy al advertir que las tropas deben retirarse cuanto antes de Iraq.

Dannatt consideró que la presencia de los militares británicos, más de siete mil, en suelo iraquí exacerba los problemas de seguridad del Reino Unido.

En declaraciones publicadas por el diario londinense, el general se convirtió en la primera figura militar de ese rango en abogar por el repliegue de las tropas del estado árabe, donde han muerto más de 118 soldados de este país.

Estamos en un país musulmán, donde para sus habitantes los extranjeros son bienvenidos cuando los invitan, pero está claro que no fuimos invitados por ellos, afirmó.

El general, quien asumió el mando del ejército en agosto último, describió como una patada a una puerta, la forma en que entraron los extranjeros en territorio iraquí, cuando fue invadido por soldados anglo-estadounidenses en marzo de 2003.

También precisó que la poca aceptación que tuvieron al principio se tornó en la actualidad en tolerancia.

Dannat criticó la forma en que se planificó la guerra contra Iraq, la cual consideró fundamentada en una base optimista y carente de coherencia.

En ese sentido, calificó de ingenuo al gobierno por plantearse instaurar una democracia liberal favorable a occidente en ese estado del Golfo Pérsico.

Las declaraciones del general, con una amplia hoja de servicios en misiones en el exterior, cayeron como un jarro de agua fría al ejecutivo del primer ministro Tony Blair.

En consecuencia, el gobierno emitió un comunicado reiterando que las tropas británicas están en Iraq a petición del nuevo gobierno, justificación ratificada luego por un vocero del Ministerio de Defensa.

La reacción de la oposición tampoco se hizo esperar, los conservadores pidieron aclaración al gobierno sobre la existencia de un cambio de su postura en Iraq.

Mientras los liberales denunciaron que con esas declaraciones salió a la luz el fracaso de la política de Blair en suelo iraquí.

Precisamente, el primer ministro debe a esa estrategia el inicio del deterioro de su imagen y la pérdida de credibilidad al involucrar a Gran Bretaña en una invasión justificada con falsos argumentos y mostrarse incondicional a su aliado estadounidense.

 

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