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— En evidente desafío al gobierno laborista y a Estados Unidos, el
jefe del ejército británico, el general Richard Dannatt, armó tremendo
revuelo hoy al advertir que las tropas deben retirarse cuanto antes de
Iraq.
Dannatt consideró que la presencia de los militares británicos, más
de siete mil, en suelo iraquí exacerba los problemas de seguridad del
Reino Unido.
En declaraciones publicadas por el diario londinense, el general se
convirtió en la primera figura militar de ese rango en abogar por el
repliegue de las tropas del estado árabe, donde han muerto más de 118
soldados de este país.
Estamos en un país musulmán, donde para sus habitantes los
extranjeros son bienvenidos cuando los invitan, pero está claro que no
fuimos invitados por ellos, afirmó.
El general, quien asumió el mando del ejército en agosto último,
describió como una patada a una puerta, la forma en que entraron los
extranjeros en territorio iraquí, cuando fue invadido por soldados
anglo-estadounidenses en marzo de 2003.
También precisó que la poca aceptación que tuvieron al principio se
tornó en la actualidad en tolerancia.
Dannat criticó la forma en que se planificó la guerra contra Iraq,
la cual consideró fundamentada en una base optimista y carente de
coherencia.
En ese sentido, calificó de ingenuo al gobierno por plantearse
instaurar una democracia liberal favorable a occidente en ese estado
del Golfo Pérsico.
Las declaraciones del general, con una amplia hoja de servicios en
misiones en el exterior, cayeron como un jarro de agua fría al
ejecutivo del primer ministro Tony Blair.
En consecuencia, el gobierno emitió un comunicado reiterando que
las tropas británicas están en Iraq a petición del nuevo gobierno,
justificación ratificada luego por un vocero del Ministerio de
Defensa.
La reacción de la oposición tampoco se hizo esperar, los
conservadores pidieron aclaración al gobierno sobre la existencia de
un cambio de su postura en Iraq.
Mientras los liberales denunciaron que con esas declaraciones salió
a la luz el fracaso de la política de Blair en suelo iraquí.
Precisamente, el primer ministro debe a esa estrategia el inicio
del deterioro de su imagen y la pérdida de credibilidad al involucrar
a Gran Bretaña en una invasión justificada con falsos argumentos y
mostrarse incondicional a su aliado estadounidense.